El 21 de enero del 2017, el entonces secretario de Prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, aseguró que el número de personas que un día antes asistieron a la toma de posesión de Donald Trump fue la “mayor audiencia que jamás ha tenido una investidura”, lo cual era evidentemente falso.

Un día después, la asesora de Trump, Kellyanne Conway, aseguró durante una entrevista que Spicer no mintió, sino que “dio hechos alternativos”. Apenas expresó eso, su entrevistador la interrumpió y le dijo que “los datos alternativos no son hechos, son falsedades”.

A lo largo de la historia los gobernantes han tratado de convencer a sus gobernados de que la realidad es como ellos desean que sea y no como es, con el fin de convencerlos de que las cosas van bien cuando realmente van mal.

Un ejemplo de realidad alternativa la dio Felipe Calderón en enero del 2011, cuando negó que la inseguridad afectaba al turismo: “Es muy claro que la afectación no es contra los turistas no nacionales, sino que en general la estancia del turista en México es placentera”.

Sin embargo, durante su sexenio llegaron 509 millones de extranjeros, 14.2% menos que los 593.3 millones que visitaron México en los seis años del gobierno de Vicente Fox.

Al negar que la inseguridad afectaba al turismo, Calderón mentía o vivía en una realidad alternativa.

Las cosas no han cambiado en tiempos de la 4T.

Desde que asumió su cargo, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha actuado como sus predecesores y, a pesar de que prometió que nunca le mentiría al pueblo bueno y sabio, ha insistido en dar su propia versión de la realidad cuando ésta no concuerda con lo que él quisiera.

Un pequeño ejemplo lo dio el 8 de mayo pasado, cuando durante su conferencia de prensa aseguró que “ha crecido la confianza del consumidor mexicano como nunca en el país”, a pesar de que el Índice de Confianza del Consumidor (ICC), medido por el Inegi y el Banco de México, bajó en abril 0.9 puntos respecto a marzo y que en marzo descendió 1.3 puntos respecto a febrero.

Ese día el presidente cuestionó la validez del ICC al preguntar: “¿Quién mide eso?”, descalificando así al Inegi, que, de acuerdo a Ley del Sistema Nacional de Información Estadística y Geografía, es el órgano del gobierno encargado de proporcionar diversos datos que son considerados oficiales, entre ellos, los que el presidente no quiere creer.

También el 8 de mayo minimizó el hecho de que México cayera del lugar 17 al 25 en el Índice de Confianza de Inversión Extranjera Directa (IED) 2019, elaborado por la consultora A.T. Kearney, y dijo que se trata de una “cantaleta que no obedece a la realidad (...) Va muy bien la economía de México. Vamos bien”.

Pese a lo que opine AMLO, diversas mediciones realizadas por el Inegi muestran que la economía del país ha perdido su dinamismo en lo que va del año.

Andrés Manuel ha negado la validez de cifras difundidas por el Banco Mundial, por el Fondo Monetario Internacional, por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, por el Banco de México, y por analistas privados nacionales y extranjeros.

El presidente puede cuestionar todo lo que quiera las cifras y darnos su versión particular de la realidad. Sin embargo, no puede desmentir las que proporciona el Inegi, que son las únicas que tienen validez oficial.

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Eduardo Ruiz-Healy

Periodista y productor

Columna invitada

Opinador, columnista, conferencista, media trainer, 35 años de experiencia en medios de comunicación, microempresario.