Es claro que la intención de la Asociación Mexicana de Industrias de Investigación Farmacéutica -que reúne a las farmacéuticas de medicamentos innovadores, principalmente extranjeras, pero también nacionales- es evidenciar que los genéricos provocarían mayores efectos adversos respecto de los originales. Y con ello, si se llegara a demostrar, marcar la diferencia ante la autoridad y el consumidor.

Pero ya salieron las voces en contra, y éstos son los argumentos. Ricardo Romay, de la Asociación Mexicana de Laboratorios Farmacéuticos (Amelaf, a la cual se le ubica como rebelde que no querer alinearse con la cámara que integra a la industria, Canifarma que preside Efrén Ocampo), mencionó como inaceptable que el Presidente de AMIIF pretenda impulsar una iniciativa pensada a la ligera y sin ninguna base científica, sólo para intentar desacreditar a los medicamentos genéricos .

Argumenta Romay que un efecto adverso puede ser provocado por una gran cantidad de factores, como una prescripción equivocada, la reacción conjunta de varios medicamentos o por una dosificación inadecuada, no sólo por el hecho de que el principio activo sea de un innovador o de un genérico.

Además, puntualiza, en las pruebas de bioequivalencia, realizadas a cada genérico para comprobar su seguridad, calidad y eficacia y demostrar precisamente que es bioequivalente respecto del original, ya se demuestra que el principio activo utilizado en la fabricación de un medicamento genérico intercambiable, se comporta terapéuticamente igual que el medicamento de referencia.

Se trata de un aspecto muy importante. Hay que ver qué dice el Centro Nacional de Farmacovigilancia de Cofepris, y si mete a la discusión al Programa Permanente de Farmacovigilancia. En principio, el reto es incentivar a los médicos a reportar efectos adversos. Un informe de Cofepris, a cargo de Miguel Ángel Toscano, señala que de las 26,640 notificaciones de sospecha de reacciones adversas durante el 2009, 51% provino de la industria; 19% de estudios clínicos; 17% de centros estatales; 10% de centros institucionales (IMSS, ISSSTE, Seguro Popular); apenas 2% de profesionales de la salud, y 1% de pacientes. Pero muy contadas ocasiones ha derivado en retiro de fármacos, y no se sabe bien del seguimiento.

A nivel mundial, por efectos adversos, se han retirado medicamentos que se pensaban seguros. El más famoso fue Vioxx, de Merck en el 2004. Pero en la última década la FDA, el regulador de Estados Unidos, ha sacado del mercado a más de una docena de drogas. Entre ellas, Bextra, de Pfizer; Baycol, de Bayer; Zelnorm, de Novartis, Cylert, de Abbott, entre otras. Y han significado cuantiosas pérdidas para las empresas, pero frente a la seguridad y salud del paciente, eso es lo de menos.

Amparos vs CFC

Ahora que la Comisión Federal de Competencia ratificó su decisión de multar a seis laboratorios farmacéuticos, de los acusados son dos los que abiertamente dijeron que se irán a tribunales: Eli Lilly, que dirige Carlos Baños, y Probiomed, capitaneado por Jaime Uribe.

Pasarán quizá años para que conozcamos si pudieron demostrar su inocencia. Vale recordar que desde 1993, cuando inició su actuación la CFC, decenas de empresas se han amparado en contra de sus resoluciones.

En la época de Santiago Levy y Fernando Sánchez Ugarte, la CFC perdía tres de cada cuatro casos, porque las empresas demandadas encontraban argucias o vacíos legales ante jueces, magistrados y demás autoridades.

Uno de los objetivos de Eduardo Pérez Motta, al llegar a la presidencia de CFC, fue revertir dicha tendencia. Dedicó presupuesto a cabildeo con el Poder Judicial y seminarios y cursos de actualización en materia de competencia para jueces y magistrados. Ahora, y desde el 2008, CFC gana tres de cada cuatro casos en la instancia judicial. Entre las que le han ganado a CFC en distintos niveles del juicio están Telmex (en el proceso sobre dominancia que duró 10 años), Ferromex-Ferrosur y Gruma-Agroinsa de México.

¿De qué lado estarán las farmacéuticas? Está por verse.