Al cumplirse 25 años del homicidio de Colosio era de esperarse que resurgiera el interés por cuestionar la versión oficial de este crimen. A instancias de Mexicanos contra la Impunidad y Corrupción, recientemente un juez ordenó hacer público el expediente completo de las investigaciones. Éste se agrega a la investigación del fiscal González Pérez que es pública desde 2014 y que en cuatro volúmenes incluye 174 tomos y 1,993 declaraciones de testigos. Aguilar Camín en el portal de Nexos recopila todos estos documentos. Por su parte, Netflix ha dado a conocer una serie dramatizada de ocho episodios que es imprecisa y superficial con personalidades de Salinas, Zedillo y Córdoba que distan mucho de la realidad. Lo que logra es alimentar el morbo y las teorías conspiratorias. Sería más responsable por parte de Netflix si en vez de una telenovela produjera un buen documental abordando las varias teorías al respecto. Del caudal de los tomos de la investigación aludida, rescato dos episodios:

1. La ambición de Camacho era un dolor de cabeza para la campaña. El coordinador Zedillo lo menciona en una carta a Colosio: “Camacho decidió continuar jugando un papel protagónico, ha visualizado (...) desde la sustitución directa del candidato del PRI, hasta convertirse a partir de 1995 en el líder de una fuerza opositora”. Un día antes del asesinato, Camacho hace público que no buscaría la candidatura a la Presidencia ni al senado: “Si quiero ser presidente (...) pero no a cualquier costo”. Renunció al PRI, quedó retirado de la política hasta 1999 en que fundó el Partido de Centro Democrático que lo postuló como candidato a la Presidencia en 2000.

2. Se menciona un hecho no comprobado de que entre las 6 y 7 de la mañana del 23 de marzo en el hotel en Culiacán, Colosio recibió una llamada presuntamente de Córdoba pidiéndole que renunciara a la candidatura. Testigos anónimos refieren que Colosio molesto respondió: “Dile que no acepto, y me atengo a las consecuencias”. El hecho está muy elaborado en la investigación y reconoce varias lagunas, pero concluye que no hay elementos probatorios. No obstante, ello abona a la especulación.

La conclusión de la investigación del fiscal González Pérez es la de la acción solitaria de Aburto. No obstante, emite una conclusión cuidadosa: “Hasta ahora no hay ningún indicio cierto que lleve a la conexión del autor material con otros coautores o cómplices (...) hasta el momento no se ha encontrado”. Esto no niega que se hubiera dado un crimen de Estado, que por definición sería cuasi perfecto, al contar con todos los elementos para encubrir el acto y no dejar evidencia dura.

Olga Sánchez Cordero externó: “sólo que haya indicios novedosos se podría reabrir la investigación”. El problema es que después de 25 años se antoja difícil que haya nueva evidencia contundente, sobre todo si se cree en la versión del crimen de Estado.