Se nos presenta como Lucy el Mentiroso. Se llama Lucien Minor y es un muchacho bonachón, poco complicado y por momentos resentido que nunca ha salido del pueblo insulso donde nació y sólo ansía “que algo suceda” en su vida.

Pronto, con el apoyo del cura local, consigue empleo como submayordomo en el castillo del barón Von Aux. Un trabajo que imagina será todo lujo y le acreditará el respeto y la envidia de propios y extraños.

Es el inicio de lo que por momentos pareciera una novela clásica de formación, una de esas historias de aventuras tan populares en el siglo diecinueve y de lo que hasta hace algunos años se consideraba literatura juvenil.

Pero las apariencias engañan. Especialmente si detrás de las páginas está Patrick DeWitt. Un escritor canadiense que desde su primera novela Abluciones: Apuntes para una novela (Libros del Silencio) jugaba con el lector, incorporando todos los defectos que suelen atribuirse a las “primeras novelas”, para hacer con ellos su propia primera novela, algo muy distinto.

Su segundo libro, Los hermanos Sisters (Anagrama) aplicaba una óptica similar al western clásico. El libro eludía descripciones fáciles, pero eso no evitó que fue descrita como una película de John Ford hecha por los Coen. The Sisters Brothers recibió varios premios, fue finalista del prestigiado Booker y nombrado libro del año por la crítica popular y especializada.

Podría caer uno en la tentación de decir que DeWitt escribe parodias genéricas, pero detrás de su estilo hay mucho más que la copia y reformulación de estructuras conocidas. Lo suyo es un juego permanente con el lector, un juego de complicidad que va desde el título del libro hasta el nombre de sus personajes. DeWitt sabe que ciertos lectores se acercan con expectativas a una novela de género, y quien ha leído a DeWitt, sabe que esté jugará con esas expectativas y las subvertirá con humor e inteligencia.

El submayordomo Minor (Anagrama) es en ese sentido, una parodia, pero también un homenaje y un guiño a la novela europea del diecinueve para atrás. Es una historia de formación y una novela gótica, un cuento de hadas sin magia y una leyenda popular sin momentos épicos o moralejas. Es una historia de aventuras donde sucede poco. Nos encontramos romance y traición, correspondencia misteriosa, nobles decadentes, ladronzuelos amorales, erotismo inquietante y soldados por vocación que combaten una guerra permanente, violenta y absurda.

El juego de DeWitt se puede apreciar en una escena a la mitad de la novela. La baronesa Von Aux está leyendo un libro, cuando lo cierra de golpe y le dice a Lucy:

–La verdad es que me fastidia cuando una historia no sigue los derroteros que uno espera. ¿A ti no te pasa chico?

–No estoy seguro de entender a qué se refiere, señora.

–¿No te gusta el entretenimiento?

–Sí.

–¿Y no te da rabia que algo que promete entretenimiento no cumpla su finalidad?

Sin embargo, es imposible hacerle justicia a los libros de DeWitt desarmándolos como si fueran un reloj, para examinar sus piezas. Porque aunque aborda todos esos géneros y subgéneros y suma todos esos elementos y les da la vuelta, pero también es cierto que sus libros funcionan perfectamente si uno ignora todo ello y los guiños que hace al lector avezado. Es verdad que su prosa es accesible y engañosamente ligera; que sus libros son, a diferencia de lo que lee la baronesa, novelas entretenidas, llenas de humor y tristeza y sobre todo nostalgia. Y, eso sí, no suelen seguir los hilos que uno espera; pero eso no nos fastidia ni tantito.

Twitter @rgarciamainou

Ricardo García Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).