No todas las oportunidades son para todas las petroleras. Para los mexicanos, que estamos acostumbrados sólo a Pemex, puede ser una idea novedosa. Pero en el mundo petrolero competitivo, es una premisa básica.

Antes de licitar, es importante entender quién participa y dónde. A riesgo de sobresimplificar, las aguas profundas tienden a atraer a las grandes petroleras internacionales; las someras a las medianas y las terrestres a las más pequeñas o nuevas mexicanas. Los requisitos de prcalificación y tamaños de bloques, por nombrar dos elementos importantes, se han alineado a estas expectativas, explicando una parte importante del éxito conseguido hasta ahora.

Pero esto aún no sucede en no convencionales (shale). A pesar del gran potencial prospectivo del shale mexicano, octavo a nivel mundial, muchos no tenemos claro quién es el prototipo de empresa que participará en las fases tempranas este tipo de recurso. Un comunicador diría que quizás el mensaje es claro pero la audiencia objetivo es incierta.

En términos de países, tener pocos casos de éxito a nivel global no ayuda. Por varios años, de hecho, Estados Unidos fue el único país que logró hacer que su shale funcionara a escala comercial. Apenas recientemente Vaca Muerta en Argentina empezó a dar señales de escala realmente sustantiva, aunque sigue a más de un orden de magnitud de distancia del éxito en nuestro vecino del norte.

Son casos completamente diferentes entre sí. Por su estructura, las autoridades energéticas de Estados Unidos nunca escogieron quién iba a desarrollar el shale. El mercado lo hizo. Los pioneros fueron firmas medianas independientes, apurándose a adquirir derechos minerales sobre los acres más atractivos. Nombres como Devon, Mitchell y Continental, que difícilmente conocemos en México, lideraron en este camino. Los mercados accionarios y los fondos de capital privado (private equity) estadounidenses han inyectado enormes inversiones a este tipo de firmas, haciendo del Permian, el Bakken, el Eagle Ford y el Marcellus cuencas petroleras famosas a nivel mundial, casos de éxito. Las grandes petroleras internacionales se han subido a la ola y tienen posiciones centrales, justo en la cresta. Pero, en sus inicios, la revolución shale fue, en su mayoría, un movimiento “independiente”.

En Argentina, en cambio, la petrolera estatal YPF fue la protagonista desde el comienzo. Fueron sus alianzas e inversiones con algunos de los grandes jugadores a nivel global, como Chevron, Petronas y Dow, de-riskearon Vaca Muerta. La historia del shale argentino siempre fue una historia de bloques grandes y grandes nombres a nivel global.

Entender las diferencias es importante. El gobierno mexicano, en contraste con el estadounidense, sí tiene que escoger a quién quiere atraer. Bloques grandes pueden ser atractivos para las grandes petroleras internacionales, pero pueden ser inmanejables para las independientes de menor escala.

Sin condiciones especiales, no queda claro que ninguno de estos grupos esté realmente a punto de comprometerse con el shale de México. Contrario al caso argentino, las grandes petroleras internacionales tienen alternativas que pueden ser más atractivas en México, en el espacio “convencional” de aguas profundas y quizás someras. Y no queda claro que el mejor uso de los recursos de Pemex sea apostando masivamente en este espacio.

Comparada con Estados Unidos, la disponibilidad de capital en el mercado mexicano para financiar la etapa pionera de de-risking es limitada. Podría haber alternativas creativas, como los CKD, pero son ideas que aún no maduran. Por otra parte, no queda claro que las empresas de shale estadounidense interpreten entrar a México como sólo cruzar la frontera. Sea por carencias de infraestructura, seguridad o simplemente porque las cuencas de este lado no han sido de-riskeadas por actividad significativa, el panorama es diferente.

Si la palabra de-risking sonó rara, es normal. Los mexicanos, quizás por nuestra historia petrolera atípica, de yacimientos tan gigantes que nublan el riesgo exploratorio, tampoco estamos acostumbrados a pensar en estos términos. De hecho, no tenemos palabra en español que refleje el concepto. Pero, para ser exitosos en shale, vamos a tener que entenderlo bien.

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell