La semana pasada, en entrevista para Milenio Televisión, Andrés Manuel López Obrador sostuvo que el pueblo posee instinto certero y que es sabio. No decía lo mismo después de las elecciones del 2006 y 2018, cuando la mayoría ciudadana le negó que nos gobernara. Sin embargo, en este momento en el que las encuestas lo posicionan con gran ventaja en un sitio que parece irremontable, no encuentra calificativos suficientes para vanagloriar a sus seguidores.

El candidato de Juntos Haremos Historia no puede soslayar que son muchos los mexicanos que no logra persuadir y comprenden la magnitud del riesgo que representa.

La economía del país, los últimos 20 años, en menor o mayor medida no ha dejado de crecer, aun frente a embates externos como las caídas recurrentes del precio del petróleo; la crisis financiera del 2008, originada por la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, afectando a la economía internacional, y, recientemente, el surgimiento político de Donald Trump, quien con su actitud bravucona nos ha puesto en aprietos. Efectivamente, podríamos estar mejor o peor y ello es lo que definiremos las próximas elecciones.

El ego del tabasqueño se muestra exacerbado al anunciar que cancelará las reformas energética y educativa, así como la construcción del aeropuerto. Lo afirma categóricamente, como si ya fuera presidente, sin la humildad de anteponer la posibilidad de verse favorecido en las urnas. Ya se asume mandatario y, formalmente, aún no comienzan las campañas.

Si bien las encuestas lo ubican en primer lugar, tomemos como referencia la medición más reciente de Consulta Mitofsky, que da una preferencia de 41% a AMLO, 29% a Ricardo Anaya, 23% a José Antonio Meade y 4.8% a Margarita Zavala. Estas cifras muestran que, por el momento, 56.8% de los electores no desea que López Obrador sea presidente; es decir, 15.8% más de quienes votarían por él. Estos números deberían generar humildad en el candidato e invitarlo a reflexionar que de un momento a otro las cosas pueden cambiar y no precisamente a su favor.

El tema del aeropuerto ha causado gran polémica en la opinión pública. López Obrador mostró que su necedad es un riesgo para los inversionistas y que si bien, de ser presidente estaría en todo el derecho de corroborar la licitud de los contratos, nada lo faculta para dar marcha atrás a un proyecto indispensable para el desarrollo del país. México merece una terminal aérea moderna que además nos haga sentir orgullosos ante el mundo. Pero, en cambio, López Obrador propone un remiendo más a nuestro viejo y obsoleto aeropuerto. ¡Las cosas se hacen bien o mejor no se hacen!

Preocupante resultó también su afirmación de que no confía en la sociedad civil, sugiriendo que sirve a la mafia del poder. Nada más lamentable que tal descalificación; la sociedad civil exige a los gobiernos eficiencia y se convierte en coadyuvante oficiosa de sus causas. La sociedad civil merece respeto y reconocimiento.

¡Y otra joya más! Señal de su ignorancia fue cuando al hablar de autonomía universitaria dijo: “Y por qué el rector de la UNAM o el director del Politécnico no estarían dispuestos a escuchar un planteamiento del presidente de la República...”. Desconoce que el IPN no es autónomo, así como desconoce muchas cosas más.

El próximo 1 de julio, los mexicanos elegiremos a nuestro próximo presidente y entonces corroboraremos si la ira y el descontento van a definir nuestro destino. Entonces sabremos si es cierto que los ciudadanos nos equivocamos menos que los políticos.

@Ernesto_Millan