Hay países descaradamente proteccionistas como Argentina, que sin rubor impone a los importadores cuotas de exportación para mantener acceso a ese mercado. México ya tuvo su dosis de esa política desesperada de control comercial de la Casa Rosada.

Hay otros más discretos que pueden tomar medidas que parecen menores, como impedir que las compras de gobierno se hagan a empresas extranjeras.

Y hay otros más que parecen tomar medidas de apoyo financiero interno, pero que acaban por alterar a todo el mundo, como en el caso de Estados Unidos y su Reserva Federal que, con sus planes de liquidez, ofrece ventajas competitivas a sus locales sobre los externos.

El proteccionismo está creciendo en el mundo y la razón es muy lógica: todos los países acaban de enfrentar una gran recesión global, que en muchos casos sigue presente.

No es algo nuevo, el verdadero demonio de la Gran Depresión de los 30 del siglo pasado fue precisamente la manera en que las economías se encerraron y aislaron. Hay que recordar que en plena crisis del 2009, Estados Unidos acuñó aquella estrategia del buy american como una manera de autodefensa frente a la pérdida de empleos y riqueza.

Los fabricantes de autos, por ejemplo, no sólo fueron rescatados con dinero público, sino que cuentan con subsidios millonarios para explorar energías alternativas al petróleo para sus autos. Eso es una práctica comercial desleal que se presenta como la decisión de un gobierno comprometido con el medio ambiente.

La guerra de divisas que vimos durante los meses pasados y que está latente como una posibilidad es parte de esa protección adicional que pretenden muchos gobiernos a sus plantas productivas.

Otra expresión proteccionista es la toma de las bodegas de los ingenios por parte de los trabajadores azucareros para frenar las importaciones de fructosa. Lo que hagan estos sectores formará parte de sus derechos de manifestación, lo que pudiera hacer el gobierno mexicano podría rayar en el terreno del proteccionismo.

La Organización Mundial del Comercio (OMC) indica que las economías del grupo de los 20, donde está incluido México, han añadido 124 nuevas medidas restrictivas al comercio internacional.

Tan solo la Unión Europea contabilizó 131 medidas proteccionistas de sus socios el año pasado, diferentes a la simple aplicación de un arancel.

Esas economías, las más poderosas del mundo, podrían muy bien explicar cada una de este centenar de medidas en determinaciones locales para combatir los efectos de la recesión. El problema es que esta medicina aplicada en exceso puede terminar por crear murallas comerciales cada vez más altas.

La OMC corre el peligro de quedar rebasada. Pero más que eso, el libre comercio corre peligros importantes de frenar su desarrollo ante las actitudes de autodefensa de muchas economías.

Y a eso es a lo que se quiere meter Herminio Blanco Mendoza. El exsecretario de la desaparecida Secretaría de Comercio y Fomento Industrial y exnegociador del Tratado de Libre Comercio de América del Norte quiere ser el titular de la OMC.

Blanco tiene la capacidad y la experiencia para ese puesto, sin duda. Lo que debe tener en contra son las intensiones de muchos de los que pretenden encabezar esa organización.

Hay nueve aspirantes a relevar a Pascal Lamy al frente de ese organismo, tres son latinoamericanos. Pero esto lejos de ser un dato positivo, puede implicar una dificultad porque más allá de la aspirante costarricense, el candidato de Brasil puede ser más opuesto a la posición mexicana que algún keniata o jordano.

La elección se dará a finales de agosto, habrá un proceso de decantación y podría llegar Herminio Blanco a las finales o incluso presidir la OMC. Eso es lo fácil, el trabajo empezaría después.

Con tantos signos de proteccionismo en puerta, el próximo titular de la organización que agrupa el comercio del planeta tendrá un trabajo muy difícil. Tan complejo que podría hacer que el organismo quede rebasado por una avalancha de medidas proteccionistas.

Herminio Blanco ha prometido que de llegar, trabajaría contra esas manifestaciones de cerrazón de muchos países, dicho que se acredita en la conducta comercial de México frente al mundo.

Lo peor que podrían hacer los integrantes de la OMC es dejar las manos de la organización en algún representante de esos países hoy reconocidos por sus prácticas anti libre comercio. O sea, la Iglesia en manos de Lutero.

ecampos@eleconomista.com.mx