Durante su campaña, mi paisano el presidente López Obrador, reiteró constantemente que durante su sexenio México no se endeudaría; sin embargo, fue sólo un discurso político más que una realidad. Lo he dicho y lo reitero, el contraer deuda pública para afrontar los problemas que enfrenta la nación no es algo malo, siempre y cuando sea de manera transparente y para fines que contribuyan a remediar los grandes males que estamos enfrentando en el país.

Para muestra el crédito por 1,000 millones de dólares que negó el presidente durante una mañanera. Pero que según la página electrónica del Banco Mundial fue autorizado para “contribuir a los esfuerzos del gobierno mexicano en apoyar la liquidez y mejorar el acceso financiero, en el marco de la pandemia del Covid-19”. Este crédito tiene metas específicas de inclusión financiera para jóvenes y mujeres, algo que es urgente y que debería verse reflejado en líneas de financiamiento de miles de millones de pesos a estos sectores. ¿Quién miente? ¿el Banco Mundial o el gobierno de México?

Además, éste no es el primer préstamo que han solicitado al Banco Mundial. En los últimos 18 meses, el Gobierno mexicano ha recibido un total de cinco créditos por parte del organismo internacional por una suma de 2,130 millones de dólares; cifra inferior en apenas 200 millones de dólares al total solicitado durante todo el sexenio anterior al Banco Mundial.

Recordemos que, a solicitud del Ejecutivo Federal, en noviembre del año pasado, los Diputados Federales aprobamos un techo de deuda externa de 5,300 millones de dólares para el 2020. Por eso, estoy convencida que el incremento de la deuda era inevitable, e incluso ya venía sucediendo. Según el informe trimestral de Hacienda, la deuda del Gobierno al inicio del sexenio era de aproximadamente 45% del PIB y, actualmente, estamos en niveles cercanos al 52 por ciento.

El mayor problema no es la deuda misma, sino la transparencia color chapopote. Primero dicen que no se van a endeudar, pero sí se endeudan; después dicen que estos recursos no van a usarse para atender los efectos de la pandemia, y ¡justo para eso se pidió el crédito! Por eso apremia que nos expliquen, de manera detallada y específica, para qué se va a utilizar este endeudamiento y quiénes son los beneficiarios de estos recursos.

En lo personal, considero que cualquier endeudamiento en estos momentos debe destinarse para tres fines específicos: 1) para apoyar al sector salud; 2) para financiar a las micro, pequeñas y medianas empresas, especialmente a los millones de informales que están perdiendo sus fuentes de ingresos y 3) para garantizar un Ingreso Único Vital a todas las familias mexicanas vulnerables en esta próxima etapa de recuperación.

Es cierto que lo que no se haga en salud repercutirá directamente en nuestra posición económica, pero adicionalmente, cada día que se mantenga este gobierno en la absurda decisión de no proteger los empleos y a las familias, nuestra economía seguirá contrayéndose y, por tanto, requerirán más endeudamiento para mantener las finanzas nacionales a flote.

Según los expertos, para finales de este año, México se estará enfrentando a una crisis económica de proporciones nunca antes vistas. En ese escenario, prefiero un endeudamiento transparente y efectivo que proteja los empleos, en lugar de la caída libre económica en la estamos inmersos.

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.