Los directivos de la industria de alimentos juran y perjuran que no es toda su culpa que la humanidad haya aumentado su consumo de calorías en las últimas décadas. Que son muchos factores los que han incidido. Y muy probablemente tengan razón. Pero los gobiernos están decidiendo poner límites al consumo de alimentos altamente calóricos mediante impuestos. México es el caso más relevante en particular en el impuesto a bebidas azucaradas; de ahí la álgida discusión al respecto.

Conméxico, organismo que representa a las principales empresas de alimentos procesados en México, está disgustado con el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) porque consideran que con su estudio pone el dedo flamígero de único culpable a la industria, cuando se trata de abordar la obesidad desde todos los factores que la propician. Ciertamente uno muy importante es reeducar a la población. La industria tenía la certeza desde el principio de que el IEPS al refresco no iba a funcionar para reducir el consumo calórico y bajar la obesidad porque han visto históricamente que la gente, cuando se le encarece un producto, sólo tiende a sustituirlo por otro más barato. El estudio que Conméxico y la ANPRAC contrataron con el ITAM afirman que bajo estrictas cláusulas de respeto a la independencia académica concluyó, en efecto, que en el 2014 (el primer año del IEPS) no redujo significativamente el consumo calórico; bajó apenas 6 de las 3,200 calorías diarias consumidas en promedio por los mexicanos.

Para Conméxico, ello es suficiente para demostrar que la demanda de esos alimentos gravados es inelástica, o digamos inamovible. Para ellos el consumo no se va a mover gran cosa aunque le pongan el impuesto que le pongan. Más aún, si cayó un poco, en el 2015 ya se recuperó, aseguran.

El estudio del ITAM se contrapone con el realizado por el INSP que asegura que la baja de 6% en el consumo de bebidas azucaradas es un primer indicio de que el impuesto sí incide en un menor consumo calórico, y recomiendan aumentarlo para lograr mejor resultado. El planteamiento de la industria es que hasta ahora nada está probado que funcione; ningún país le dado la vuelta a la curva de crecimiento de la obesidad y ni siquiera frenarla, pues la epidemia sigue hacia arriba en todo el mundo.

Además Conméxico argumenta: hemos cumplido con etiquetado, con restricciones de publicidad hasta ahora ninguna empresa ha sido sancionada y a fuerza, pero estamos pagando el nuevo impuesto. Ahora, piden evaluar resultados de esas políticas, y lo que no sirva se corrija.

También exponen que la estrategia nacional contra obesidad y diabetes incluye tres pilares: prevención, atención y regulación. Pero el gobierno se ha recargado sobre todo en regulación; habría que trabajar más en los otros pilares. Aquí hay que decir que reforzar los otros dos pilares implica necesariamente reajustar el sistema de salud, un pendiente muy importante...

CIDE trabaja estudio sobre IEPS a refrescos

Nos dicen que el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), que dirige el doctor Sergio López Ayllón, ya trabaja en su propio estudio sobre el impacto del impuesto a las bebidas azucaradas y lo encabeza una prestigiada académica, la directora de la División de Economía, la doctora Susan Parker.

Hasta el momento ya han emitido estudios sobre el tema el INSP, el ITAM, el Colegio de México y la Universidad de Nuevo León. Ya veremos el resultado del CIDE. La expectativa es bastante grande dado el prestigio internacional del CIDE como institución académica en economía y en estudios sobre política pública, y dado el polarizado debate, se ve que la discusión se pondrá más interesante.

Por cierto, viene una segunda parte del estudio del ITAM que no altera los resultados ya reportados; pero sí agregan nuevos capítulos con otros indicadores como qué tan regresivo es el IEPS a refrescos, la base gravable y conclusiones generales.