En los últimos meses, el presidente Calderón se ha quejado en distintas ocasiones con cierta amargura, rebela deses­peración, de la cobertura que los medios de comunicación dan al tema de la violencia.

Resulta contradictorio, es claramente incongruente, que el Presidente reclame por eso. Él fue quien introdujo el tema en la agenda pública cuando un día sí y al otro también en México y el extranjero hace declaraciones, vengan o no al caso, sobre la violencia.

Él anuncia las detenciones de los criminales, ofrece datos sobre los decomisos y también se pronuncia sobre hechos relacionados con el tema, sobre los que no tienen suficiente información. El caso más grave, sus declaraciones sobre los jóvenes de Ciudad Juárez cuando se encontraba de visita en Japón.

Si un Presidente de cualquier país asume ése como su tema principal, si no que único, no hay manera de que no sea recogido como el más importante por los medios y por esa vía se transmita a la sociedad nacional e internacional una específica percepción de lo que ocurre en el país.

Calderón con su estrategia es quien ha dimensionado mediáticamente el tema de la violencia y lo ha mantenido como el central a partir de tres elementos: las campañas de spots en radio y televisión, donde sistemáticamente se publicita el tema; los discursos y continuas declaraciones del Presidente; las intervenciones en foros internacionales y visitas oficiales a países donde ubica al tema como el fundamental.

Al fenómeno anterior, se añade que el Presidente en muchas de sus intervenciones no se resiste a utilizar el espacio del discurso público para contestar y criticar a comentaristas, analistas políticos y académicos que no están de acuerdo con sus posiciones en este tema y sin proponérselo los convierte en sus interlocutores.

En las encuestas de las últimas semanas, crece el rechazo de la ciudadanía, más de los sectores del círculo rojo, en contra de la estrategia de la guerra que provoca el aumento de la violencia que ya nadie quiere.

Calderón no puede hacer del error de su estrategia de guerra contra el narcotráfico, la más grande de sus virtudes. No hay manera, pero tal parece que lo pretende a pesar de los resultados que están a la vista de todos.

Si el Presidente continúa relevando el tema, venga o no el caso, los medios nacionales e internacionales seguirán haciendo caja de resonancia a sus declaraciones. En un régimen presidencial, lo que diga el Primer Mandatario siempre será noticia en los medios.

Los medios no van a cambiar y quien lo tiene que hacer es el Presidente. En sus manos está la solución. Si siguen en su actual discurso, no puede reclamar nada a los medios. Ellos seguirán dando especial cobertura a la violencia, que es el tema más socorrido en el discurso presidencial.