Para lograr su objetivo primordial de una inflación baja y estable, el Banco de México sigue dos elementos: uno de acciones de política y otro de comunicación. Ambos se interrelacionan para lograr el anclaje de las expectativas alrededor de la meta cuantitativa de 3% anual. La acción idónea es la política monetaria (ajustes en la tasa de interés de referencia) acompañada de la comunicación (en voz del gobernador) que explica y envía señales certeras y confiables para la convergencia de las expectativas. Este comportamiento consistente, sin ambigüedades ni contradicciones, construye la credibilidad en la política y capacidad del banco central para lograr la meta. Así, la credibilidad es un elemento esencial para el éxito.

Por su parte, el doctor López-Gatell es el vocero oficial para dar a conocer diariamente la evolución de la pandemia. Al igual que en la lucha contra la inflación, el gobierno aplica acciones de política (distanciamiento y aislamiento social, uso de cubrebocas) con la comunicación (datos de contagios, decesos, comparaciones y perspectivas).

Pero el gobierno no definió con claridad su objetivo (¿es la contención, la mitigación o alcanzar la inmunidad de rebaño?), ha cambiado de instrumentos (primero el modelo Centinela para luego desecharlo), mostrando laxitud para hacer cumplir las medidas y ha transmitido mensajes inconsistentes con la evidencia: “pronto bajarán las muertes, no es importante efectuar muchas pruebas, el sistema de salud está bien equipado”. Asimismo, deliberadamente o por ineptitud, divulga una subestimación del conteo de contagios y fallecimientos. También, alienta la confusión pues en medio de 31 estados en semáforo rojo (con su propia metodología), levanta restricciones para la “nueva normalidad” y López Obrador se va de gira.

Este manejo ambiguo y contradictorio ha llevado a la falta de credibilidad y subestimación de los riesgos por una parte importante de la población: los indisciplinados y los que se ven forzados a salir para ganarse la vida. Es más, desde mayo, se observan aglomeraciones en lugares públicos, así como un aumento en la movilidad en la CDMX (datos de una app de Apple).

Es absurdo tratar de predecir el pico de la curva, pues los contagios y muertes no son exógenos, ya que dependen del comportamiento de la población que mucho depende de las políticas gubernamentales. El Covid-19 no tiene un ciclo propio. Aplanar la curva es endógeno al comportamiento de la gente que es difícil de predecir, sobre todo bajo estas circunstancias de información oficial discordante y ambigua.

El Banco de México nos ha enseñado que la consistencia de acciones y palabras forja credibilidad para cumplir con su meta. Es una lección importante para López-Gatell y su jefe: políticas contradictorias, no bien definidas, confusas e incongruentes no conducen a la necesaria credibilidad para cumplir con el objetivo. Parafraseando a Clinton: ¡es la credibilidad, estúpido! (Agradezco a Emilio Gutiérrez la idea del tema de esta columna).