En el 2000 durante la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas en Nueva York, los líderes de 189 naciones se comprometieron con ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio con miras a conseguirlos para el 2015. Terminó el periodo y ¿cuánto avanzamos como humanidad en esos objetivos?

Los esfuerzos sin precedente sí resultaron en profundos avances. No es que se hayan resuelto muchos problemas. Las desigualdades persisten y el progreso ha sido desigual. La pobreza continúa concentrada en algunas partes del mundo (60% de los más pobres del mundo vive en cinco países); demasiadas mujeres todavía mueren durante el embarazo o por complicaciones del parto. Pero la humanidad sí caminó como nunca antes.

El primer objetivo fue erradicar la pobreza extrema y el hambre. Este indicador se redujo de 47% en 1990 a 14% en el 2015. El número de personas que viven en pobreza extrema se redujo de 1,900 a 836 millones este año.

El segundo fue lograr la enseñanza primaria universal. La tasa neta de matriculación en enseñanza primaria en las regiones en desarrollo alcanzó 91%, y ahora los niños en edad de recibir educación primaria que no asisten a la escuela es de 57 millones, en vez de 100 millones que eran en 1990.

El objetivo tres fue promover la igualdad de género y empoderamiento de la mujer. Se avanzó en los países asiáticos, pero en América Latina falta aun mucho por hacer en este ámbito. Las mujeres han ganado terreno en la representación parlamentaria en casi 90% de 174 países para los que la ONU dispone de datos. La proporción promedio de mujeres en el parlamento se duplicó entre 1991 y el 2015, pero todavía sólo uno de cada cinco miembros es mujer.

El cuarto objetivo fue reducir la mortalidad de los niños menores de cinco años. En éste fue uno de los aspectos donde mayor avance logró la humanidad: se redujo en más de la mitad de 90 a 43 muertes por cada 1,000 niños nacidos vivos en los 25 años medidos, lo que da un total de casi 6 millones en el 2015 frente a 12.7 millones de niños pequeños que morían en 1990. La vacunación generalizada fue uno de los factores que mejor incidió en avanzar en este renglón.

El quinto objetivo fue mejorar la salud materna donde también logró avanzarse significativamente. En 1990 morían 380 mujeres durante el embarazo o por complicaciones en el parto por cada 100,000 nacidos vivos; para el 2000 esa tasa se redujo a 330 y para el 2013 bajó a 210. La prevalencia de anticonceptivos entre mujeres de 15 a 49 años, casadas o que viven en pareja, se elevó de 55% en 1990 a 64% en el 2015 a nivel mundial.

El sexto objetivo también fue de salud; estuvo enfocado a combatir el VIH/Sida (donde las nuevas infecciones disminuyeron 40%, de 3.5 millones a 2.1 millones de casos), el paludismo (la mortalidad por este mal cayó en 58%, y se evitaron 6.2 millones de muertes de niños por esta enfermedad en África) y tuberculosis.

En el objetivo número siete, enfocado a garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, y el ocho, a fomentar una alianza mundial para el desarrollo, también tuvieron avances, pero es donde habrá más empuje para los siguientes años. Con todo, la ONU tiene claro que donde más falta trabajar es en que el progreso no sea tan desigual entre regiones y países.

Se han definido nuevos objetivos y entre ellos tiene ahora prioridad el cambio climático y la degradación ambiental que socavan el progreso, y los más pobres son los más afectados. El acceso a la energía moderna, sostenible y asequible completan el bloque de objetivos acordados.