Debe disminuir el crecimiento de la inversión pública.

Después de 30 años ininterrumpidos de crecimiento muy acelerado, China enfrenta un proceso de desaceleración importante. Esta desaceleración es algo que se viene pronosticando desde el 2007 pero que, realmente, no había dado señales claras de estar ocurriendo hasta finales del año pasado. En marzo de este año, China anunció un recorte en sus proyecciones de crecimiento económico por primera vez en ocho años, reconociendo que las tasas de crecimiento por arriba de 10% a las que nos tenía acostumbrados no son replicables hacia delante.

En concreto, China revisó su objetivo de crecimiento para el 2012 a 7.5%, cifra que representa la expectativa oficial más baja desde el 2004 y que, además, está por debajo del consenso de expectativas de mercado: 8.5 por ciento.

La evolución de los indicadores económicos le ha dado aliento a las voces que vienen pronosticando una importante desaceleración de la economía china desde el 2007. Durante varios años, el principal motor de crecimiento de la economía china fueron las exportaciones. Conforme el motor exportador ha perdido vigor, dadas la desaceleración económica de los principales consumidores de productos chinos y la pérdida de competitividad del sector exportador chino, la inversión pública ha tenido que jugar un papel cada vez más creciente para impulsar la economía.

Aunque uno de los objetivos principales del gobierno chino ha sido impulsar el consumo doméstico como motor de crecimiento, la realidad es que los consumidores chinos mantienen una baja propensión a consumir y un alto nivel de ahorro a pesar del crecimiento observado en el ingreso disponible.

Esto ha provocado que el crecimiento de la economía china sea cada vez más dependiente de la inversión. La participación de la inversión fija bruta se ha incrementado de 42 a 50% del PIB en los últimos cuatro años, comparado con 30% para otras economías en desarrollo.

Para expertos como Nouriel Roubini, catedrático de la Universidad de Nueva York, el problema principal es uno de retornos decrecientes. Roubini argumenta que ningún país puede reinvertir 50% de su PIB en infraestructura y otros bienes de capital sin provocar un problema de sobrecapacidad y retornos decrecientes. El argumento de Roubini es de libro de texto de Economía, el retorno marginal del capital es decreciente y el ritmo descomunal al que China ha venido invirtiendo hace que los retornos decrecientes lleguen muy rápido.

Ante este escenario, los mercados han venido descontando un escenario de desaceleración brusca como la que pinta Roubini. Tan es así que los principales índices bursátiles de China (el Shanghai Composite y el Shenzhen Composite) han perdido casi una tercera parte de su valor desde su nivel máximo alcanzado en noviembre del 2011, mientras que los mercados accionarios de las principales economías del mundo se encuentran en máximos históricos.

A pesar de la fuerte expectativa de desaceleración, la realidad es que la economía china parece estar estabilizando su ritmo de crecimiento en un nivel superior al anticipado por el mercado. La principal sorpresa se ha venido dando en el mercado residencial, donde la mayoría de los observadores ha anticipado la explosión de una burbuja que se ha venido gestando desde hace varios años. Aunque el mercado residencial ha mostrado una evidente desaceleración, la actividad se ha estabilizado en los últimos meses.

Por otro lado, la actividad en sectores claves ligados con la construcción, como el acero y el cemento, han tenido un desempeño positivo que no va de la mano con el escenario de una desaceleración brusca en el nivel de actividad económica.

A pesar de que la desaceleración se está dando a un ritmo más suave que el anticipado por el mercado, las autoridades económicas de China han estado dispuestas a usar la política fiscal como herramienta de estímulo mediante el anuncio un programa masivo de inversión en infraestructura.

Algunos observadores, como JP Morgan, anticipan que además del estímulo fiscal, hay espacio para que el Banco Central de China implemente estímulos monetarios adicionales para apuntalar el crecimiento económico y mantener el ritmo de crecimiento en niveles cercanos a 7 por ciento.

Esto es, sin duda, buena noticia en el corto plazo pero el reto principal de China sigue estando en disminuir la dependencia del crecimiento de la inversión pública y el desarrollo del consumo como motor de crecimiento interno. Para esto es necesario reducir la propensión a ahorrar de los consumidores y aumentar su propensión a consumir.

joaquinld@eleconomista.com.mx