Ayer fue un día importante para el futuro inmediato de Grecia y la Unión Europea (UE). El Parlamento helénico aprobó un paquete de medidas de austeridad que era una condición fundamental establecida por la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para otorgar el apoyo necesario, para evitar un inminente incumplimiento de Grecia en sus obligaciones de crédito tanto en los mercados públicos como con bancos europeos. A pesar de la reacción positiva de los mercados a la aprobación del plan, la realidad es que el paquete de ayuda y las medidas de austeridad han evitado un colapso a corto plazo, pero no resuelven el problema de fondo de Grecia.

El problema de fondo de Grecia no es de liquidez, es uno de solvencia y la liquidez temporal otorgada por la UE, a través del Banco Central Europeo (BCE) y el FMI, sirve sólo para postergar lo que para muchos parece inevitable en el contexto actual.

La historia nos dice que para lograr revertir una situación como la que vive Grecia se necesita un paquete de medidas mucho más profundo y agresivo que lo implementado hasta ahora.

Sin embargo, la membresía de la nación helénica a la UE hace imposible muchas de las medidas que otros países tuvieron que implementar para poder salir de crisis similares. No es necesario ir muy lejos para encontrar casos de estudio que sirven como mapa de lo que se debe y no se debe hacer en situaciones como la que enfrenta Grecia actualmente.

Aunque los problemas se venían gestando desde la década anterior, a principios de los 80 México enfrentó un problema similar de insolvencia ante sus acreedores. A mediados de 1982 y de nuevo en 1986, México entró en una situación de insolvencia y declaró una suspensión de pagos sobre sus obligaciones de deuda.

El FMI y los acreedores de México implementaron un plan para reestructurar el calendario de amortizaciones de la deuda mexicana y medidas para reducir los insostenibles niveles de deuda que ahogaban las finanzas públicas del país. El FMI también impuso un agresivo plan de austeridad enfocado en reducir el déficit fiscal y el nivel de apalancamiento. El plan tuvo un efecto temporal para evitar el colapso, pero sumió a México en una recesión que contribuyó marcadamente a un mayor deterioro de las finanzas públicas. México no logró salir de este círculo vicioso hasta que logró una combinación de políticas económicas que permitieron al país retomar la senda de crecimiento.

Dichas políticas económicas incluyeron un esfuerzo masivo de privatización de empresas paraestatales, la apertura de la economía y una fuerte reducción del gasto público; sin embargo, dos factores críticos adicionales fueron fundamentales para que México pudiera salir adelante: los acreedores de México aceptaron una reducción de aproximadamente 30% en el principal de la deuda mexicana y el peso mexicano tuvo que ser devaluado considerablemente.

El sacrificio en el nivel de vida de los mexicanos fue tal a raíz del ajuste que hubiera sido inconcebible que los acreedores de México no hubieran contribuido con una quita a resolver el problema.

La de México no es la única experiencia similar. Los países que han podido salir de una crisis de solvencia como la que enfrenta Grecia han tenido que combinar los paquetes de apoyo y los programas de austeridad con una muy considerable depreciación de su moneda, un agresivo programa de reformas estructurales y, además, han recibido quitas por parte de sus acreedores. En el caso de Grecia es claramente imposible implementar una depreciación de su moneda en el marco de la UE y el plan actual del FMI y del BCE no contempla ninguna reducción en el monto del principal que adeuda Grecia.

Hasta ahora, el plan del FMI y del BCE es más que un mecanismo de transferencia que desplaza el riesgo que hoy enfrentan los acreedores de Grecia del sector privado al sector público del resto de la UE. Dicho mecanismo también ha servido para posponer una nueva situación de incumplimiento por parte de Grecia en un futuro no muy lejano. Claro, a menos que el FMI y el BCE estén dispuestos a fungir como proveedores ilimitados de liquidez al gobierno griego.