El fin de semana estuve leyendo un artículo de un colega en Estados Unidos que hablaba de los seguros sin los que no se puede vivir. No todos aplican al caso mexicano porque las realidades son distintas; como también lo son la oferta de las distintas compañías aseguradoras y la madurez del propio mercado. Pero me dejó claro lo fuerte que es la cultura de previsión en países más desarrollados, en los cuales la gente no concibe vivir sin una protección adecuada. Es casi como andar desnudo por la calle.

Es importante recordar que los seguros son precisamente mecanismos de protección para eventos que pueden afectar gravemente nuestro patrimonio. Como por ejemplo, los terremotos que sacudieron a México el año pasado y que dejaron a muchísimas personas sin casa o sin negocio de la noche a la mañana. O los huracanes que cada año amenazan a buena parte del territorio, no sólo por su impacto directo sino por las lluvias que acarrean hacia otros lugares aparentemente menos expuestos.

También tenemos que pensar en eventos como una enfermedad grave o crónica, que requiere tratamientos muy caros como el cáncer. O accidentes que de la noche a la mañana pueden dejarnos con en un estado de invalidez total y permanente, que nos impida generar ingresos el resto de nuestra vida.

En México el seguro que más se vende es el de auto, porque la gente tiene miedo de un robo. Aun así, más de la mitad de la población circula sin ningún tipo de protección. Eso significa que, si uno atropella a alguien por accidente o choca con un tercero, todos quedan vulnerables. El causante del daño tiene que responder por el daño causado a los demás y eso puede poner en riesgo la totalidad de su patrimonio. Pero a veces no alcanza y los afectados terminan sin recibir una indemnización justa, lo cual afecta a todos como sociedad.

Por eso en casi todos los países del mundo, el seguro de responsabilidad civil vehicular es obligatorio. Para que quien sufra un daño, tenga la garantía de que le será reparado sin que le cueste a la sociedad (al gobierno, por ejemplo). En México también, al menos al circular por carreteras federales y en algunos estados, aunque con sumas aseguradas que realmente alcanzan para muy poco.

Durante mi vida profesional, he visto cómo empresas que han sido exitosas, han desaparecido por no contar con una cobertura adecuada de responsabilidad civil. Por ejemplo: un incendio por un corto circuito en uno de sus locales, dentro de en un centro comercial. Fue en la madrugada, antes de la apertura, por lo cual se expandió a una tienda departamental vecina, causando daños a mercancía e instalaciones valuados en varios millones de dólares.

La suma asegurada de su póliza, para daños a terceros, era de tan sólo 5 millones de pesos, que desde luego no alcanzaron ni para la tercera parte de su responsabilidad. Como consecuencia, la empresa quebró.

Entonces, no sólo se trata de los seguros que uno necesita, sino también de la suma asegurada que se requiere para brindar una protección adecuada.

¿Te has puesto a pensar cuáles son los seguros que necesitas para proteger las cosas que son importantes para ti? A ti mismo (tu capacidad de generar ingresos y tu salud), a tu familia, a tus bienes incluyendo tu negocio, y también la responsabilidad que podrías tener en caso de causar un daño a los demás.

¿Qué tan vulnerable es tu patrimonio, lo poco o mucho que has logrado con tu trabajo? ¿Está desprotegido?

Te invito a visitar mi página: http://www.PlaneaTusFinanzas.com, el lugar para hablar y reflexionar sobre finanzas personales. Twitter: @planea_finanzas

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com