Roach ha sido de los principales detractores de la teoría que apunta hacia un aterrizaje forzoso en la economía china, argumentando que la desaceleración que se ha materializado será gradual y ordenada.

Hace unos días, tuve la oportunidad de ver una interesante entrevista en el canal financiero CNBC a Stephen Roach, el ex economista en jefe de la correduría Morgan Stanley, sobre las lecciones que puede aprender y aplicar el gobierno estadounidense sobre el manejo de la economía.

Ademas de ser el economista en jefe a nivel global de Morgan Stanley, Roach fue chairman de la misma firma en Asia, donde dedicó varios años al estudio de la economía china.

Además de sus publicaciones periódicas para Morgan Stanley, Roach ha publicado artículos en varios diarios como el New York Times.

Después de su labor en Morgan Stanley, Roach se desempeña como catedrático en la Universidad de Yale.

En los círculos del mundo financiero, Roach siempre ha sido reconocido como una de las voces líderes en cuanto al análisis de la economía asiática y principalmente de China.

Para empezar, vale la pena mencionar que Roach ha sido de los principales detractores de la teoría que apunta a un aterrizaje forzoso de la economía china, argumentando que la desaceleración que se ha venido materializando desde el año pasado será gradual, ordenada y se estabilizará en una tasa de crecimiento saludable entre 7 y 8 por ciento. Para Roach, el principal atributo a copiar de la política económica china es la capacidad de planeación.

El gobierno del país asiático establece planes quinquenales con objetivos claros de crecimiento económico y diseño de herramientas específicas de política económica, para alcanzar dichos objetivos.

Para Roach, la economía americana padece de una falta de planeación de mediano plazo que ha llevado a los políticos a tomar decisiones de corto plazo que han colocado a EU en una situación de miopía que hoy se refleja en la falta de acuerdos para evitar el precipicio fiscal.

Roach acepta que el reto principal de Estados Unidos es la reactivación del consumo, principal componente del PIB de nuestro vecino del norte, representando casi 70% de la demanda agregada.

Roach destaca que el gasto en consumo ha crecido a un promedio de 0.7% anual durante los últimos 19 trimestres en comparación con una cifra de 3.6% en promedio para los 10 años anteriores.

Sin embargo, Roach reconoce que el reto no es nada sencillo ante el deterioro del balance patrimonial del consumidor promedio y la incertidumbre que rodea al mercado laboral. Stephen Roach argumenta que EU tiene una generación de consumidores zombis y que reactivar el consumo es una labor titánica que tomará muchos años.

Sin quererlo, el consumidor americano se está pareciendo más a los consumidores asiáticos, con una baja propensión a consumir y una alta propensión al ahorro o al pago de deudas. Al igual que EU, China enfrenta el reto de hacer que las familias dediquen más dinero al consumo, pero mientras esto sucede, ambos países deben enfocarse en hacer que el resto de la economía tenga una mayor contribución al crecimiento.

En el caso de China, el plan es claro, las exportaciones y la inversión en infraestructura tendrán que ser los principales promotores del crecimiento. En este momento, China está invirtiendo casi el equivalente a 40% de su PIB en el desarrollo y modernización de su infraestructura.

En el caso de EU, la inversión en infraestructura es apenas superior a 10% del PIB. A simple vista se podría suponer que esto es consecuencia de una infraestructura bastante más desarrollada que en China. No obstante, esto no quiere decir que no haya espacio para la inversión productiva en infraestructura.

Roach cita datos del Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial que colocan a EU en el lugar 24 a nivel mundial, en términos de la calidad de su infraestructura y número 18 en la escala de disponibilidad y absorción de tecnología, lugares que no coinciden con un país que se jacta de ser la economía más grande del mundo.

Para Roach, EU necesita reactivar la inversión tanto pública, como privada en el sector de infraestructura como paso necesario para mejorar la competitividad y reactivar el crecimiento.

El reto principal es hacer esto en un entorno de déficit presupuestal histórico y tasas de ahorro que aún siguen siendo bajas.

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