Repentinamente, la definición de los candidatos presidenciales mexicanos sobre la seguridad jurídica se vuelve un asunto de primera importancia. Así como su compromiso de ser responsables con el manejo de las finanzas públicas.

Hay leyes que respaldan y protegen las inversiones privadas y hay otras disposiciones legales que regulan el uso adecuado del presupuesto y que obligan a los equilibrios fiscales. Pero las leyes están hechas al tamaño del que manda y más en un país presidencialista.

Venezuela, por ejemplo, atrajo inversiones durante muchos años a través de leyes de libre mercado que fueron como miel para las moscas empresariales del mundo.

Cuando Hugo Chávez llegó al poder con sus ideas socialistas no le fue nada difícil cambiar esas leyes con un Congreso a modo y empezar una ola nacionalizadora que de hecho alcanzó a muchas empresas mexicanas.

México enfrentó ese mismo proceso de cambiar las reglas del juego para los particulares. Desde los tiempos de la nacionalización petrolera hasta la estatización de la banca.

Y en el sentido contrario, sobre todo en tiempos de Carlos Salinas de Gortari, las empresas propiedad del gobierno se vendieron a manos privadas.

Entonces, con la historia nacional y muchos casos del presente latinoamericano, vale la pena preguntar cuáles son los planes de los que aspiran a gobernar México.

En Argentina, por ejemplo, la presidenta Cristina Fernández tomó una decisión que acabará por alejar más a la nación sudamericana de muchos socios estratégicos.

La nacionalización de la empresa petrolera YPF, de capital español vía Repsol, es una jugada muy al estilo de su socio venezolano Hugo Chávez, con la diferencia de que el petróleo que tienen los argentinos no es lo suficiente como para blofear de esa manera con el mundo.

YPF es una empresa petrolera de 10,000 millones de dólares que ha recibido el primer impacto negativo en los mercados en una caída drástica del precio de sus acciones.

Pero también ha recibido la solidaridad del gobierno español y de una serie de naciones, como México, que consideran que la opción de tomar el control de una forma tan hostil como la nacionalización es poco conveniente para todas las partes.

La jugada argentina es como aquella del corralito, cuando ante la imposibilidad de pagar todo lo que debían, simplemente suspendieron pagos, tanto para los inversionistas externos, como para sus propios jubilados. El resultado fue un caos financiero que hasta hoy no logra superarse.

Hoy tendrán que enfrentar el enojo de España y de muchos de los países que respetan la libre empresa, pero sobre todo de los ibéricos que anunciarán en breve una serie de medidas drásticas en contra del gobierno de la señora Kirchner.

No es una medida inteligente, es una determinación que acabará por costar muy caro, otra vez, a la población de un país que no puede recuperar la confianza mundial.

Y este tema podría ser un indicio para los mexicanos si es que los medios logramosç obtener un posicionamiento de los candidatos al respecto. La manera como Josefina, Enrique y Andrés reaccionen ante este evento puede marcar su forma de pensar.

Si en ésta el abanderado priísta sale con aquello de que su partido respeta las decisiones de los gobiernos extranjeros, implicará una política timorata en tiempos de la globalización.

Si el perredista llegara a aplaudir la determinación de la Casa Rosada, dejaría ver mucho de su pensamiento político. Y si Josefina no se enreda en la respuesta, lo más probable es que repruebe la acción, desde su posición de derecha.

La primera piedra

Las computadoras que operan en los mercados bursátiles son algunas de las más rápidas del mundo, son capaces de hacer operaciones en milésimas de segundos que implican la ganancia o la pérdida de millones de dólares.

Los mercados son veloces, pero evidentemente no infalibles y más cuando tantas personas meten mano en el mercado.

La Casa de Bolsa BullTick, causante del error del viernes pasado que alteró el registro de muchas acciones, dice que le pudo haber pasado a cualquier casa de Bolsa.

Lo cierto es que la disparatada serie de órdenes de venta de 13 acciones generó un impacto, de acuerdo con el propio presidente de la Bolsa Mexicana de Valores, Luis Téllez, cercano a los 3,500 millones de pesos.

Y sobre todo la afectación de la confianza, no en la casa de Bolsa, sino en el mercado mismo.

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