“La principal deficiencia que veo... es su polarización: nosotros contra ellos: la sensación de que tenemos el monopolio de la verdad”

Carl Sagan, científico estadounidense

Es un lugar común oír repetidamente la laceración de que hoy México y su sociedad se encuentran polarizados. Enfrentamos de manera cotidiana versiones extremas (generalmente equivocadas), que abordan un problema incurriendo en todos los errores que pueden existir al tratar de entenderlo.

Por un lado, el diagnóstico se sobresimplifica. Sin importar sus características y complejidad, la explicación se reduce a que alguien hizo conscientemente algo malo, a que se trató o tratará de imponer una visión incorrecta (ideología o un modelo económico), a que una fuerza conspiratoria actuó en determinado sentido. Consecuentemente, las soluciones propuestas se reducen a quitar lo que se hizo mal o actuar con voluntad, como si los problemas se resolvieran exclusivamente a base de buenas intenciones y voluntad.

En el libro Why We’re Polarized, de Ezra Klein, se analiza la polarización de la política en Estados Unidos, con una serie de conclusiones perfectamente aplicable para el caso de nuestro país.

Se describe el aumento de un “partidismo negativo” que se caracteriza porque las personas están más motivadas por la antipatía que sienten hacia un grupo o partido que por la afinidad que sienten por el opuesto y, por ello, es imposible que se les conceda alguna validez a los argumentos de los rivales. Ello genera un círculo perverso; en la medida en que existe la polarización la conducta entre opositores se vuelve más dura y crítica hacia el opuesto, lo que alimenta y refuerza la polarización existente.

La polarización extrema impide reconocer incluso las victorias. Cuando un grupo que se considera antagónico muestra alguna coincidencia en una visión específica, la respuesta, lejos de ser favorable, es aún más antagónica, reclamando por qué no lo vio en el pasado o por qué no coincide con todos los demás puntos de vista.

Los acuerdos sociales se construyen siempre a partir de reconocer lo común, para trabajar en lo que se es divergente. Pero cuando hay oposición a los puntos en común, la posibilidad de acuerdos es inexistente.

Otro factor que se describe tiene que ver con que las personas normalmente tenemos distintas identidades, y no siempre son completamente coincidentes. Pero en entornos de polarización las identidades se superponen y se funden en una sola. Sin importar que hablemos de temas familiares, sociales, culturales, económicos o políticos, siempre prevalece está superidentidad política polarizada, que filtra y condiciona cualquier opinión sobre cualquier tema.

El panorama no es alentador. La resolución de estos ciclos de polarización típicamente pasa por el que las élites políticas asumen como un compromiso de disminuir la confrontación.

Hoy eso se ve distante. También disminuye cuando grupos de la sociedad recobran un centro más moderado y establecen acuerdos en coincidir. Pero hoy las posiciones moderadas son desechadas, casi con la misma fuerza que las opuestas.

Ello nos obliga a que en lo individual y en nuestro entorno social, laboral y político busquemos acuerdos que ayuden a resolver y gradualmente luchemos en contra de la confrontación, que sólo sirve a los intereses de unos cuantos, y ahonda la gravedad de los problemas que enfrentamos.

*El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo de Mexicana de Becas: [email protected]; síguelo en Twitter: @martinezsolares

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

Síguelo en Twitter: @martinezsolares