Los partidos políticos en nuestro país se han convertido en flores en un vaso. Fueron cortadas y separadas de sus raíces. Lejos de tener una confrontación de ideas, lo que tienen es un intercambio de anécdotas, insultos y ocurrencias. Es la antipolítica alimentada por dimes y diretes. Algo así como un cuento lleno de ruido y furor, contado por locuaces de la improvisación. Paralelamente, el IFE hace un pésimo trabajo de repetición de lugares comunes, sin fuerza y mucha simulación para pretender mover a la población en favor del voto a través de la televisión, porque ello es la democracia. Sí es, pero sólo la democracia formal de votar y contar. Lo que preocupa es la pobreza propositiva de los candidatos. El IFE hace nada para que éstos planteen soluciones a los problemas verdaderos que afectan a la sociedad. Nos encontramos entonces ante un Congreso en donde los partidos políticos olvidan que su tarea es encontrar soluciones en favor de la sociedad, el componente fundamental de nuestro Estado-nación.

El movimiento ciudadano recientemente surgido expresó de manera tajante su crítica a todos los partidos políticos por su omisión en el problema alarmante de la inseguridad. Ello como respuesta al oportunismo de algunos líderes políticos que quisieron adosarse a ese movimiento, simplemente con grasa retórica. También es reprobable el silencio de los intelectuales, salvo honrosas excepciones, que viven automarginados de la problemática del país.

Las reformas que necesitamos no son sólo políticas y económicas, también son culturales.

Ya no es época de revoluciones, como en el pasado. En casi todos los países del mundo se ha impuesto como quehacer político el reformismo, tanto en sus versiones radicales como moderadas. Si el reformismo es la respuesta seria a los problemas, ello exige que los partidos políticos estén a la altura de las circunstancias y de los problemas, elaborando, discutiendo y resolviendo propuestas basadas en la realidad y con imaginación.

Hay dos cuestiones importantes que han marcado a la primera década de este siglo: la lucha antiterrorista y la crisis económica global; como resultado de esta última el mundo ha creado un monstruo: el sistema financiero internacional. El desenlace de ello es una demolición moral e ideológica en favor de valores no democráticos y el surgimiento de poderes difusos. ¿Están los partidos políticos mexicanos preparados para enfrentar estos retos?