La brecha temática del G-7 sobre México creció este fin de semana.

¿Qué pasaría si México formara parte del G-7, o más bien, de un hipotético G-8?

Con tan solo leer el comunicado final de la cumbre celebrada en Cornualles, Reino Unido, existen temas que en México dejaron de ser relativamente importantes para el Gobierno.

Los países del G-7 (Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Japón, Francia, Alemania e Italia) dejarán de usar dinero público para financiar, este mismo año, las centrales que no tiengan tecnologías para captar y almacenar las emisiones de CO2. Proyectos como el de la refinería Dos Bocas, estimulado por el propio Gobierno del presidente López Obrador, ya no podrían desarrollarse en los siete países más desarrollados del mundo a través de dinero público.

De pertenecer al G-8, ¿el gobierno del presidente López Obrador se comprometería a alcanzar la neutralidad de carbono como máximo en el 2050 y a reducir en un 50% sus emisiones de CO2, de aquí a 2030 respecto al nivel de 2010? ¿Declararía al carbón como enemigo, sobre todo, a las centrales alimentadas por esta energía fósil?

En la declaración final, los siete grandes confirman que quieren ir más rápido hacia la prohibición de nuevos vehículos diésel y de gasolina, y avanzar en la transición hacia vehículos eléctricos. ¿Modelos 2021 o 2022 serán los nuevos autos chocolate en el 2030?

En abril de 2018 entrevisté a la primera ministra de Noruega, Erna Solberg. Estimó que en 2025 todos los autos de su país serán eléctricos; en la transición al mundo digital está desapareciendo la banda FM de la radio; y un escritor joven recibe una beca de 125,000 euros al año.

Noruega no parece otro país, parece otro planeta.

Son los que integran el G7 los que más contaminan en el mundo. Aportan el 20% de las emisiones de carbono en el mundo.

“Las decisiones que tomemos esta década, y particularmente las decisiones que tomen las primeras economías del planeta, son las más importantes de la historia de la humanidad”, les comentó el sábado a los siete líderes el naturalista británico David Attenborough, a través de un video durante la plenaria del evento. La humanidad, advirtió el documentalista nonagenario, está “al borde de desestabilizar el planeta entero”.

Otro de los elementos a resaltar es la aportación del presidente Biden. “Estamos en conflicto con todos los gobiernos autocráticos”, comentó el estadounidense.

En América Latina y el Caribe, existen mecanismos en los que no hay consensos para hablar de temas políticos. El gobierno de México no ha dicho absolutamente nada de las heridas propinadas por Rosario Murillo y Daniel Ortega a los pocos espacios democráticos que existen en Nicaragua.

El G-7 certificó en Cornualles la emergencia de China como superpotencia con ambiciones globales. “Vamos a promover nuestros valores, incluyendo un llamamiento a Pekín para que respete los derechos humanos y las libertades fundamentales, sobre todo en relación con Xinjiang y en Hong Kong”, dijo Biden.

Pero con Nicaragua a la vuelta de la esquina, si México perteneciera al G-8, ¿haría una declaración similar por lo que ocurre no solo en el país de Rosario Murillo y Daniel Ortega? ¿También por lo que ocurre en Colombia con la violencia policiaca ordenada por Iván Duque o qué decir en la Venezuela de Maduro?

¿Son los siete fantásticos los que van a marcar las pautas para un mejor planeta en el 2050?

El siglo XXI no pertenecerá a Estados Unidos o a China. Será un mundo de nadie, ayer parafraseaba esta idea Francisco G. Bastierra en El País. Una conclusión original de Charles A. Kupchan, profesor de Georgetown.

¿En dónde está la geopolítica de México?

Twitter: @faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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