Muchas personas me preguntan qué pienso en cuanto a las inversiones que pudieran generar un rendimiento atractivo. Como es bien sabido, predecir es difícil y presagiar el futuro, aún más. Sin embargo, ciertas tendencias indican lo siguiente:

1) Aun cuando el acuerdo para superar el abismo fiscal tiene aspectos positivos en cuanto a que no se generará un colapso del crecimiento de Estados Unidos, la verdad es que existen muchos asuntos sin resolver y en marzo volveremos a observar volatilidad por el forcejeo con respecto a la elevación del techo de gasto, actualmente de 1.6 billones de dólares (1.6 con 12 ceros). Esta radicalización (sumada a la estupidez) de los radicales republicanos, sobre todo, es un motivo de preocupación a largo plazo. Sin embargo, para este año, el hecho de haber llegado a un acuerdo genera un ambiente positivo. Por ello el mercado accionario debería dar buenos resultados en respuesta al crecimiento de la economía estadounidense y la estabilización china. Hay que recordar que la cinta de tracción del crecimiento en el siglo XXI es la interacción entre estos países.

2) En consecuencia, Estados Unidos, aun con un crecimiento de 2%, será deficitario por muchísimo tiempo y quién crea en soluciones a corto plazo no ha entendido la dinámica económica. El que este déficit genere o no inflación depende de las circunstancias. En un ambiente deflacionario como el actual (donde Europa no crecerá por mucho tiempo, Japón sigue en una trampa de liquidez de la que no se ve cómo salga y los países en desarrollo han disminuido su crecimiento), no se percibe cómo se generaría inflación. Por ello, las tasas deberán oscilar y no tener una trayectoria ascendente.

El bono del Tesoro a 10 años oscilará entre 1.50 y 2.20 por ciento.

3) El dólar debería debilitarse un poco, no porque deje de ser la moneda base del sistema financiero (para eso faltan decenas de años), sino porque su crecimiento implica más demanda de bienes foráneos.

El lector habrá notado que nos referimos a la economía estadounidense solamente. Esto se debe a que, como hemos mencionado repetidamente, nuestra economía está fuertemente ligada a la misma. Las implicaciones para México son:

a) Continuará la demanda de autos y autopartes que ha sido crucial en el crecimiento de los dos últimos años. En el 2015 puede haber problemas si las importaciones estadounidenses provenientes de China impactan la exportación de autos mexicanos. Dada la escala de producción, México no puede competir con los precios chinos si China decide depreciar el yuan. Sin embargo, para este año, la industria debería crecer y encaminarse a la meta de producción de 4 millones de autos.

b) El petróleo debería estabilizarse alrededor de 90 dólares el barril. La revolución en la producción de petróleo en Estados Unidos, que lo situará como el mayor productor en tres años, debe poner un piso al precio, pero al mismo tiempo pone un techo. Sin embargo, México cada vez exporta menos: no más de medio millón de barriles netos, y si bien esto genera un problema de subsidios internamente, hace que en la balanza comercial el petróleo cuente menos.

c) En el 2012 hubo un flujo neto de población de Estados Unidos hacia México. Esta tendencia continuará por los siguientes años con la consiguiente disminución de remesas.

d) Sin embargo, y por el próximo año, el peso seguirá muy estable, ya que hay flujo de inversión y un manejo efectivo de la deuda. Las tasas continuarán, asimismo, estables y el mercado accionario seguirá creciendo, si bien necesita un respiro. México es percibido como un buen lugar para invertir y más fuera que dentro del país.

e) Y aquí entra la situación interna: Si no se logra una reforma fiscal medianamente aceptable y avances en la liberación de la petroquímica, la refinación y de otras actividades para dinamizar la industria, esta percepción puede cambiar.

En efecto, y como lo prueba el presupuesto para el 2013, si no hay más ingresos, es difícil que el gobierno pueda afrontar sus obligaciones sin un déficit mayor a 2% actual. El presupuesto es de 4 billones de pesos: 1 billón se va a estados y municipios, 1 billón a paraestatales y gobierno, 1 billón a pensiones y deuda y 1 billón a gasto social: educación, salud, etcétera. Dado el crecimiento exponencial de las pensiones y a las innegables necesidades sociales, esto no puede continuar.

Por ello, si bien el 2013 se presenta como un buen año, las reformas, se lleven o no a cabo, serán cruciales para el futuro. Y el futuro no va más allá del año 2015.

FELIZ AÑO.

* Esteban Martina es doctor en Física en la UNAM. Su interés principal ha sido la valuación y análisis de riesgo de activos financieros, especialmente opciones y otros derivados. Actualmente es socio director de PRO Consulting.

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