Es claro que la economía brasileña ha venido creciendo a una tasa muy atractiva durante los últimos cinco años y la crisis global del 2009 tuvo un impacto limitado en el Producto Interno Bruto (PIB) debido al dinamismo de la economía doméstica. Entre el 2005 y el 2010, Brasil creció a una tasa promedio de casi 5%, incluyendo 7.5% durante el 2010. Este crecimiento ha venido acompañado de un incremento importante en los niveles de empleo y ha permitido la incorporación de millones de personas a la clase media. Asimismo, la expansión del crédito al consumo y el crédito hipotecario han permitido un aumento considerable del poder de compra de millones de brasileños. Sin embargo, durante los últimos trimestres, la economía brasileña ha experimentado una fuerte desaceleración que amenaza con prolongarse al 2012.

Durante el 2011, el PIB creció tan sólo 2.7%, su tasa más lenta en los últimos 10 años –incluyendo el 2008 y el 2009- y la desaceleración es más preocupante si nos concentramos en lo que ocurrió durante la segunda mitad del año. Durante el tercer trimestre del 2011, el PIB brasileño se contrajo 0.2% y durante el cuarto trimestre el crecimiento fue de sólo 1.3 por ciento.

Aunque los analistas esperan que el crecimiento durante el primer trimestre acelere su ritmo de expansión a un nivel cercano a 2.5%, la semana pasada se anunció que la producción industrial en enero se contrajo 2.1%, cifra considerablemente inferior a -0.8% que esperaba el mercado. Aunque el consenso de mercado espera que la economía de Brasil pueda crecer en el 2012 a un ritmo similar al del año pasado ?–ligeramente por debajo de 3%–, esta meta se ve cada vez más difícil.

Aunque el crecimiento doméstico, impulsado por la creación de empleo, un creciente poder adquisitivo y una mayor disponibilidad de crédito han jugado un papel importante en elevar los niveles de crecimiento del PIB, el componente externo está desacelerándose de manera importante. Por un lado, el principal consumidor de materias primas a nivel global, China, está experimentando una desaceleración y un cambio de paradigma de crecimiento económico que implica una menor demanda de materias primas brasileñas.

Asimismo, otro gran consumidor de exportaciones brasileñas, Europa, está en una recesión que podría ser duradera. Por otro lado, las exportaciones brasileñas han perdido competitividad debido a la fuerte apreciación del real brasileño. Esta fuerte apreciación ha traído consigo algunas distorsiones en los costos relativos de los bienes y los servicios en Brasil con respecto a otras economía.

Un ejemplo anecdótico pero muy revelador es el índice Big Mac, publicado por la revista The Economist. El costo de una Big Mac en Brasil en el 2010 era de 8.71 reales, equivalente en el momento de la publicación a 4.91 dólares, casi 30% más que el costo de una Big Mac en Estados Unidos, de 3.73 dólares. Si actualizamos el ejercicio al presente, el valor actual en dólares de una Big Mac en Brasil es de 5.68 dólares, casi 50% más que en EU y un poco más del doble que en México. Más aún, si comparamos el precio en dólares de la Big Mac en Brasil en el 2009, el aumento ha sido de casi 37% en tan sólo dos años y el diferencial contra EU pasó de 2 a 50 por ciento.

A raíz de esta desaceleración, el Banco Central de Brasil ha venido relajando su política monetaria de manera considerable. Durante la segunda mitad del 2011, el banco de Brasil recortó las tasas en casi 2 puntos porcentuales y la semana pasada instrumentó una nueva reducción en las tasas de interés de 0.75%, dejando la tasa de referencia en 9.75 por ciento. El objetivo del banco de Brasil es dual. Por un lado busca que una menor tasa de interés haga a los bonos domésticos emitidos por el gobierno brasileño menos atractivos a la inversión extranjera de portafolio que ha destinado miles de millones de dólares a la compra de este tipo de instrumentos.

Una reversión parcial de esta tendencia debería ayudar a debilitar al real. Por otro lado, menores tasas de interés deberían contribuir a una mayor actividad económica a través de un incremento en la demanda de crédito. Sin embargo, Brasil tiene retos muy importantes para crecer a tasas más saludables bajo el nuevo contexto global. El primero es superar el fuerte rezago en la infraestructura carretera, portuaria, aeroportuaria y ferroviaria. El segundo es reformar su código fiscal para simplificar la complicadísima arquitectura impositiva que nutre de recursos a un gobierno con demasiada grasa.