Las relaciones México-EU siempre han sido complejas. Hasta el momento, ambas naciones no han sabido procesar la importancia mutua de nuestra vecindad atada a la enorme disparidad socioeconómica que existe entre ambas. Originado por un proceso de colonización iniciado por los ingleses que, posteriormente, se amplió a personas de todos los continentes por tierras prácticamente desiertas, los EU han tenido un origen, desarrollo y maduración totalmente distinto al de México. Bajo esta óptica podremos entender mejor la dificultad que ambas naciones experimentan para establecer una relación constructiva y complementaria que perdure en el tiempo. En efecto, mientras aquel país se funda a partir de la cultura anglosajona sustentada en un extraordinario Estado de derecho y el liberalismo económico, nuestro país existe mediante el sincretismo de al menos dos culturas, la mexica y la hispánica, en donde aparentemente una fue más dominante que la otra, aunque ello podría ser discutible. No obstante, ninguna presentaba una estructura legal y económica tan sólida como la anglosajona. La nación más poderosa del mundo busca su permanencia en ese lugar de influencia y privilegio mientras nosotros estamos tratando de establecer nuestro octavo modelo económico de desarrollo en cien años.

Por décadas, las sociedades de ambos países han sido educadas bajo la lógica del prejuicio y la ignorancia, generando en México un sistema educativo que promueve el antiamericanismo y, en EU, uno que mantiene la ignorancia con relación a lo mexicano. En caso de ganar Joe Biden, habrá serias presiones para que México modifique su política energética que ha buscado mantener la fortaleza de mercado de las empresas del gobierno: Pemex y CFE, evitando la inversión privada en generación de energías conocidas como limpias mediante el uso del sol y viento; al mismo tiempo que tampoco no se ha fomentado ampliamente la propia inversión pública en este tipo de energías. Lo mismo ocurrirá con el mercado laboral, en donde la agenda demócrata se antepone al exceso de economía informal en nuestro país que llega a 60%, en donde millones de personas no tienen seguridad social ni contribuyen con impuestos, al tiempo que esta situación impide el incremento de los salarios reales. Por el lado del mercado laboral formal, la diferencia con la política de Biden estará sustentada en la urgencia de que los trabajadores accedan a un sistema de justicia laboral real, incremento de los estándares, el principio inequívoco de la libre afiliación sindical, sindicatos con elecciones internas libres y la desaparición de los contratos colectivos de trabajo en manos de los llamados sindicatos blancos. Para Biden presidente, no va a ser posible que México se mantenga como socio comercial con una escasa protección al medio ambiente, con una política energética sustentada en el uso excesivo de procesos y materiales que fomentan la emisión de gases de efecto invernadero y los estándares laborales tan bajos como los mantenidos hasta ahora.

@DrCarlosAlber10

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.

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