La importancia del crudo es económica, no se trata de un asunto de nacionalismo o identidad nacional.

El problema no es que México pretenda comprar petróleo de Estados Unidos, el verdadero tema es que Estados Unidos lo quiera vender.

La clase política mexicana revolucionaria hizo del petróleo una sustancia sagrada, de Pemex un templo y de Lázaro Cárdenas un santo. Se construyó un gran tótem muy útil para controlar a una sociedad que no tenía, entre otras cosas, acceso a la democracia.

La indiscutible utilidad económica de Petróleos Mexicanos se fue desgastando con la burocracia y la bota fiscal que se posó sobre sus ingresos. Y una necesaria reforma siempre fue aplazada porque vulneraba a la inmaculada empresa de todos los mexicanos.

Hoy Petróleos Mexicanos está en la antesala de la competencia abierta, lo hace con la ventaja de ya estar en el mercado nacional, pero con el handicap de tener enormes losas financieras y laborales encima.

Los hidrocarburos son esa materia prima que por su abundancia histórica son el principal producto de exportación hasta nuestros días y que aportan la tercera parte de los ingresos públicos al Estado.

La importancia del petróleo es económica, no se trata de un asunto de nacionalismo o identidad nacional.

Por eso ahora que se abre la posibilidad de importar petróleo ligero desde Estados Unidos se convierte en un asunto de atención y para muchos de indignación.

Este tipo de crudo ligero que Estados Unidos ahora produce con tanto éxito es uno escaso en México, que tiene una mayor extracción de aceites pesados. Los petróleos menos densos son mucho más sencillos de refinar.

La verdadera carencia nacional se da en la refinación. La reserva de gasolinas es de apenas tres días en el país y es un asunto de seguridad nacional. Es una esperanza que con la libre competencia aumenten esas reservas, ya sea por producción local o por importaciones.

Por lo pronto, la mitad del tanque de gasolina de nuestros autos está lleno con combustibles importados todos los días, porque ni siquiera hay una gran capacidad de almacenaje.

En un mundo global el comercio exterior es algo tan cotidiano como deseable. La especialización es una ventaja competitiva. Es como la industria automotriz que ha tomado una enorme vocación en nuestro país.

Pero energéticos y alimentos son asuntos de seguridad nacional, por lo tanto no es posible tener una dependencia externa.

La autosuficiencia es prácticamente imposible, pero tener silos llenos de granos y tanques llenos de combustibles es indispensable para mantener la independencia.

Es tan delicado el asunto de la falta de refinación interna que Pemex tuvo que invertir en el extranjero en una refinería que está ubicada en Texas, donde genera empleos y paga impuestos.

Importar 100,000 barriles de petróleo no debería tener ninguna implicación negativa si eso va a permitir mover la poca capacidad de refinación que tiene México y de paso, si se logra, habría que tomar como una deferencia hacia nuestro país que después de una sequía de exportaciones de crudo de Estados Unidos de más de 40 años elijan a México para vender petróleo de buena calidad y además a precios hoy muy bajos.