En promedio han cerrado 3,000 empresas diarias en el 2020. En total, 1 millón 10,857, de acuerdo a los datos elaborados por el Inegi. Había 4.9 millones de empresas mipymes. Quedan en pie 3 millones 850,000. Estos datos durísimos provocan varias preguntas: ¿Cuántas más cerrarán? ¿Qué se puede hacer para reducir la mortandad de estas empresas? ¿A quién corresponde asumir el liderazgo para resolver este reto? ¿Qué le toca hacer al Gobierno... Qué deben hacer los empresarios?

Alrededor de 125 empresas cerraron cada hora del 2020, en promedio. Murieron por culpa de la pandemia, decimos por comodidad. Al hacerlo sobresimplificamos los hechos. Todo mundo sabe que mantener vivo un negocio es una tarea titánica. En años normales, entre 50 y 75% de las micro y pequeñas empresas mueren en los tres años posteriores a su creación. En un año como este, las cosas se complicaron mucho más. Las empresarios han tenido que lidiar con una crisis sanitaria; con la restricción obligada de muchas actividades; con la perdida de poder adquisitivo de la población; con el cambio tecnológico y con la indiferencia o desconocimiento del Gobierno Federal. ¿Indiferencia o desconocimiento? Eso se infiere al escuchar al presidente, cuando se le pregunta por el cierre de más de 1 millón de empresas. Dijo que tenía otros datos. Se refirió a la fortaleza del peso, a la reducción del precio de la gasolina y afirmó que el consumo no ha caído. Quedó claro que no está al tanto de la situación de cientos de miles de empresas. Para hacerle menos difícil reconocer el problema, podrían explicarle que esto es un problema en todo el mundo. Entre 10 y 20% de las micro y pequeñas empresas están en peligro de desaparecer, con ellas se pierden empleos, se pone en tensión la estabilidad social y en muchos casos desaparecen microcosmos llenos de vida y personalidad.

¿Cuántas más cerrarán? Mucho depende de lo que dure la situación de excepción sanitaria y de la capacidad de adaptación e innovación que tengamos. Sociedad, empresas y gobierno tienen un papel que jugar. Entre más tiempo pase, más profundas serán las heridas que deje en la sociedad, en el tejido empresarial y en las arcas públicas. En un primer momento, el reto era sobrevivir a la cuarentena. Los desafíos ahora son mayores y pueden sintetizarse en una frase: adaptación a una nueva realidad, donde el competidor no es la tienda de enfrente sino Amazon o Mercado Libre. Adicionalmente, mientras no se vaya el virus, un factor de competitividad será la capacidad de generar confianza en los clientes, mediante procesos Covid Free. En un entorno difícil, la supervivencia dependerá de la capacidad de administrar recursos financieros escasos. Para unos es crisis de liquidez, para otros un problema de solvencia.

¿Qué se puede hacer para reducir la mortandad de las empresas? Los números hubieran sido menos severos si hubiéramos contado con un programa de apoyos públicos bien diseñado dirigido a las mipymes. No es fácil hacerlo, Estados Unidos, España y Japón invirtieron miles de millones en subsidiar a sus pequeñas empresas y, de cualquier modo, están proyectando cierres de 10% de sus empresas, mínimo. Cabe preguntarse, ¿cuánto hubiera sido sin apoyos?

La complacencia es uno de los mayores riesgos ahora, advierte Kristalina Giorgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional. Interpreto su idea, expresada en un evento del Financial Times, como asumir que ya se hizo la tarea, que lo peor ya pasó. No es así: el riesgo sigue ahí. Las mipymes importan porque son 95% del total de las empresas en México. Generan más de la mitad de los empleos formales en nuestro país.

Con el cierre de 1 millón 10,857 de ellas, se perdieron alrededor de 3 millones de empleos. En cada empresa que cerró, trabajaban tres personas en promedio. El presidente entiende el reto de recuperar 3 millones de empleos, ¿alguien podrá explicarle que la solución pasa por crear 1 millón de mipymes?

lmgonzalez@eleconomista.com.mx

Luis Miguel González

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.

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