Quitarse la vida por mano propia es un fenómeno que crece en todo el mundo. Históricamente, Latinoamérica ha registrado una de las tasas bajas de suicidio. Sin embargo, el fenómeno se incrementa entre jóvenes y en ciertas regiones.

De acuerdo con el segundo informe Mortalidad por suicidio en las Américas , publicado recientemente por la Organización Mundial de la Salud, la tasa de suicidio en el continente ha permanecido relativamente estable entre 1990 y el 2009; incluso se redujo en América del Norte, donde siempre es más elevada, pero se incrementó en ciertas zonas de América Latina, particularmente en el Caribe y Centroamérica, y en algunos de los estratos jóvenes.

La Organización Panamericana de la Salud tiene claro que el quitarse la vida por mano propia es un problema relevante de salud pública, y ha incrementado sus esfuerzos por abordarlo apropiadamente. De hecho, en su más reciente Plan Estratégico 2014-2017 incluyó al suicidio como uno de los indicadores de impacto a evaluar en la región de las Américas.

Mucho del problema es que, como sucede en otras enfermedades, no hay suficientes datos ni registros confiables en nuestra región latinoamericana, y ello limita cualquier análisis o estudio sobre el tema. En principio, los factores cultural y religioso llevan a muchas familias a ocultar que un ser querido se quitó la vida e impiden un registro adecuado del suicidio.

En México, el Poder Legislativo ha presentado iniciativas que aspiran a poner atención al asunto. Un estudio que la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados emitió en noviembre pasado habla de que sólo en 12 años -de 1990 al 2012- se duplicó en México la tasa de suicidios en los jóvenes, al pasar de 2.2 a 4.7 por cada 100,000 habitantes. Urgieron entonces al Ejecutivo a que las secretarías de Salud y de Educación Pública atiendan el problema mediante campañas y programas informativos sobre prevención.

Algo que llama la atención es que las muertes por suicidio aumentan notoriamente en zonas urbanas de rápido crecimiento demográfico y, particularmente en México, en zonas de extracción petrolera. Por cierto, una situación que ha llamado la atención de la Red Mundial de Suicidiólogos es el aumento del problema en el estado de Tabasco, donde por lo demás, no se está tratando adecuadamente a quienes intentaron quitarse la vida infructuosamente.

La presidenta de la Red Mundial de Suicidiólogos en México, la doctora Ángela Beatriz Martínez, habla de que el fenómeno del suicidio debe tener un abordaje transdisciplinario, pues no es únicamente un asunto de salud pública: Requiere ser visto desde una perspectiva multidimensional, porque constituye también un dilema de la bioética y los derechos humanos , considera, al señalar que las personas con actitudes suicidas no deben ser tratadas con choques eléctricos, pues de ninguna manera son una forma de terapia, ya que provocan daño al cerebro.

Esto último lo dijo en referencia al Hospital de Alta Especialidad de Salud Mental, en Tabasco, donde para tratar la depresión mayor se emplea lo que llaman terapia de estimulación cortical , que no es más que choques eléctricos como si fueran algo innovador, cuando es una herramienta superada que la ciencia médica ha descartado.

Twitter: @maribelrcoronel