Ya tiene tiempo que algún proyecto gubernamental no entusiasma a los mercados financieros. Al contrario, han tenido shocks cuando las políticas contrarias al sentido común del camino del crecimiento de la 4T anticipan dificultades para la economía.

Para las bolsas de valores o para el tipo de cambio, el programa de infraestructura anunciado en Palacio Nacional pasó de noche. Quizá por la falta de proyectos nuevos, por la ausencia total de inversiones importantes en el sector energético o por la oportunidad que nuevamente perdieron de cancelar las obras faraónicas que construye el Ejército para dar paso a planes verdaderamente productivos a cargo del sector privado.

Hay señales que no gustan, tal cual lo reflejó el fin de semana pasado el Financial Times, pero nada que por ahora condicione un comportamiento adverso a México en el ámbito financiero.

Más bien este país está en el mismo plano de estancamiento de otras economías emergentes que han dejado de ser atractivas por ahora para los mercados, algunas por los efectos de la pandemia y otras por los efectos de la pandemia más los riesgos internos derivados de sus políticas públicas poco confiables.

Lo que ahora mueve al mundo tiene que ver, en primer lugar, con el comportamiento del coronavirus SARS-CoV-2. Sus rebrotes, las vacunas, el número de contagiados y de víctimas, y la celebridad de algunos de los que están enfermos.

El futuro de la economía global depende del desarrollo de la pandemia. Y dentro de esta realidad, las decisiones de cada país o región aumentan o amortiguan los efectos.

Europa y sus rebrotes, por ejemplo, son ahora un foco rojo para los mercados. China, Rusia e India son interrogantes por la falta de información confiable sobre sus economías y los contagios.

Mientras que Estados Unidos es el equivalente a los fuegos artificiales del momento. Toda la atención financiera mundial está puesta en ese país, en sus elecciones, los planes fiscales y monetarios de salvamento y en la salud de su presidente, Donald Trump.

El peso mexicano no se entusiasmó ayer 6 de octubre, por el plan de infraestructura de la 4T, pero sí por las señales que mandó el presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Jerome Powell, para mantener por más tiempo los programas extraordinarios de liquidez, aun a costa de algunas presiones inflacionarias.

Cuenta más la posibilidad de que, en la recta final de las campañas electorales estadounidenses, el Congreso de ese país amplíe los programas de estímulo fiscal, a que los mercados estén esperando pacientes que México genere los 2 millones de empleos que el presidente López Obrador prometió para este año.

Y claro, es determinante conocer el impacto en la popularidad, y en las encuestas de preferencias electorales, la salud y la actitud intransigente del presidente Donald Trump frente a su contagio de Covid-19.

El epicentro del comportamiento financiero está en el coronavirus y en la manera como Estados Unidos resuelva esta elección presidencial que es la más controvertida y arriesgada que ha tenido en muchos años.

ecampos@eleconomista.com.mx

Enrique Campos Suárez

Conductor de Noticieros Televisa

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.