Si lo que quiere es darse a conocer, lo está logrando. Si lo que busca es que se hable de él, no hay duda del éxito.

Si su pretensión es lograr opiniones favorables, debería entender que no todos entienden lo que dice como él lo comprende.

Ernesto Cordero es secretario de Hacienda y su mundo gira en torno de la percepción profesional de las cosas. Es un experto que habla con mucha autoridad, pero que tiene un punto de vista sesgado por la materia que domina.

Por eso es absolutamente cierto lo que mencionó la semana pasada: México es un país que ya dejó de ser pobre.

Puede demostrar con números que no hay una afectación en el ritmo de crecimiento producto de la inseguridad y es técnicamente cierto que el poder de compra del salario mínimo es superior en este momento.

Pero esas palabras son incompatibles para quien no usa las mismas gafas económicas.

Es un discurso totalmente fuera de lugar para quien es transcrito por una prensa no especializada y dedicada a los sectores más amplios de la sociedad.

Y es un blanco muy fácil cuando se le aplica un ligero filtro político-partidista a sus palabras con ganas de empañar la carrera del confeso aspirante a la Presidencia de la República.

No acababa el Secretario de Hacienda de recibir la respuesta hasta ofendida de los empresarios por el tema de la inseguridad, cuando le abonaba a su cuenta de declaraciones polémicas aquella del poder de compra de los minisalarios.

El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado no sólo refuta los dichos del secretario Cordero, sino que le piden que para el presupuesto del próximo año busque que el Congreso otorgue mayores recursos para combatir la inseguridad pública que tanto afecta la economía del país.

Ahora, en materia de salarios es matemáticamente cierto que si el salario mínimo subió este año 4.1% y la inflación se espera en 3.6%, se deduzca que los salarios son 50 puntos base superiores al incremento del resto de los precios.

Sólo que en la vida real hay que explicar qué se puede comprar con 0.5% de ganancia real de los salarios.

El salario mínimo se ha convertido en una bandera de lucha de innumerables sindicatos, periódicos, académicos y organizaciones que lo identifican como una de las peores víctimas de la política mexicana.

No respetar a sus muertos implica una reacción virulenta.

Cordero debe recordar que estamos en un país de frases y lugares comunes, antes que de ideas. Es más fácil hacerse famoso en México con una ocurrencia verbal que con una tesis bien estructurada.

No hay político o famoso de la tele que no tenga su juego de palabras que lo identifique. Los pensadores, mientras tanto, tienen que peregrinar con sus planteamientos para llegar apenas a grupos muy pequeños.

También es absolutamente cierto que hay quien vive -y muy bien- de propagar la idea de que México es un país condenado a ser una nación pobre, que estamos condenados al fracaso, hágase lo que se haga.

La autocompasión aplasta las conciencias y crea zombis políticos que son de gran utilidad en cada proceso electoral. Siempre será mejor tener un ejército de derrotados que acepten la despensa que una población que vea posibilidades de desarrollo.

Pero para poder emancipar a esos oprimidos hace falta mucho talento, porque ir contra la corriente en temas económicos es muy difícil y, regularmente, contraproducente.

Por eso, Ernesto Cordero hace precampaña con la verdad. Pero la verdad es simplemente intolerable para quien ya ha escuchado lo suficiente sin resultados favorables.

La primera piedra

La onda expansiva del triunfo del exgolpista Ollanta Humala en las elecciones presidenciales de Perú alcanzó a la empresa minera mexicana Grupo México, que mantiene intereses en ese país sudamericano.

Con la experiencia de muchas empresas mexicanas en Venezuela y la inevitable comparación del virtual ganador peruano con Hugo Chávez, los temores crecen.

El sentido común aconsejaría esperar y ver cuáles son los lineamientos que ya en el poder marca este personaje.

Pero eso del sentido común no es algo que aconseje muy seguido a los inversionistas, quienes prefieren ponerse a salvo de sus peores temores generados por el populismo.