La realización en la ciudad de México de la reunión mundial de autoridades regulatorias en el ámbito sanitario tiene una relevancia mayor de la que a simple vista parece.

Ante la globalización, el movimiento de medicamentos y la creciente gama de productos sanitarios es cada vez más intenso, de modo que tiene sentido que las autoridades que vigilan y regulan ese enorme comercio estén comunicadas y tengan una colaboración constante. De ahí que uno de los acuerdos entre los principales reguladores del mundo reunidos por tres días fue aumentar la vigilancia sanitaria de medicamentos que se venden en Internet o de fármacos falsificados, y la detección de nuevas modalidades a las que incurre la delincuencia mundial para vender productos riesgosos para la salud. Para ello, el acuerdo es mantener un intercambio de información constante.

Pactaron acelerar el acceso de los pacientes del mundo a medicinas genéricas e innovadoras de calidad y seguridad mediante el intercambio de información estratégica y la convergencia regulatoria. Otro aspecto relevante es que vislumbran alinear regulaciones al cambiante mundo de los protocolos clínicos, aparte de seguir fortaleciendo la capacidad regulatoria de agencias sanitarias de países menos desarrollados.

La próxima sede de esta cumbre global será Suiza, pero el que este año se haya hecho en un país latinoamericano refleja no sólo el liderazgo que ha asumido México en esta esfera, sino también que se reafirma la fortaleza de los siete reguladores de referencia en el continente americano: Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, México, Canadá y Estados Unidos.

En este grupo están también las autoridades funcionales certificadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para suministrar vacunas: Brasil, Cuba, México, Canadá y EU. Recordemos que México recién se ganó la integración a este grupo. El primero de Latinoamérica fue Cuba, que desde el 2000 obtuvo su certificación, seguido por Brasil, que lo obtuvo en el 2004.

Ahora, estas naciones trabajan muy mancomunadamente con la OPS para contribuir en crear las capacidades de países de la región con menor nivel de desarrollo.

Cuba, preponderante en biotecnología

La posición de Cuba es interesante. Su avance en biotecnología médica es contundente y ante los cambios que vienen con la fuerza esperada de los biocomparables o biosimilares, seguro tendrá un papel creciente, sobre todo a la luz de que su economía se está abriendo al capital privado extranjero.

Rafael Pérez Cristiá, director general del centro cubano para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos, nos comparte que la ventaja del programa cubano para desarrollo biotecnológico es que trabaja en un ciclo cerrado, es decir, desde los procesos de investigación y desarrollo hasta la entrega al paciente en conjunto con la industria farmacéutica local; ello les ha permitido una aplicación efectiva de los adelantos biotecnológicos en el sistema de salud cubano.

Un ejemplo es su programa de inmunizaciones, que desde hace muchos años ha erradicado enfermedades, como la meningitis ,que hoy aún son problema en otros países latinoamericanos; su vacuna antimeningocóccica abc -única en su tipo en el mundo- la empezó a aplicar en 1991 y hoy Cuba exhibe una tasa de mortalidad infantil al nacer de 4.2 por cada 1,000 nacidos vivos, una de las más bajas de las Américas. Entre otros, tiene un programa de anticuerpos monoclonales para cáncer, y otros desarrollos para enfermedades crónicas como diabetes, específicamente para evitar la amputación en pacientes con ulceraciones graves, con un medicamento registrado en 23 países. Cuba está desarrollando un amplio portafolio en biotecnología, y se puede convertir en competidor importante de la región.