Nuestro país se ha vuelto el ejemplo de las voluntades defendidas con apoyo de  alguna fuerza. La política, la delincuencial o popular de las calles. La ley no sirve. Ejemplos, esta semana pasada, tenemos muchos.

El más triste y patético ejemplo, lo dio el diputado Fernández Noroña, en el Consejo del INE. Yo gasto mucha energía y necesito beber agua, señor presidente, le dijo al Presidente y al consejo. Dijo el diputado al presidente del INE. Y, Lorenzo Córdova, le dijo: usted está en capacidad  de ejercer su libertad en el espacio del legislativo y aqui, pero aquí, tenemos un reglamento que obliga al uso de cubre bocas. El diputado, contesto que a él no le iban a poner mordazas (sic) que él quería ejercer su derecho pleno a el ejercicio de la libertad de expresión. Cosa que nadie la había negado. Detrás de eso, los consejeros del INE tuvieron que salir de la sesión, porque si el diputado era incapaz de respetar la legalidad del lugar y no habiendo pena más que la muerte, si no se cumplen las reglas lo dejaron solo. Hablar solo es el pero castigo a un político. Puede proponer la solución y la resolución a cualquier cosa, pero si nadie lo escucha. Es como hablar en la esquina de cualquier lugar y que nadie escuche nada.

Otro buen ejemplo, lo dio el Presidente Andrés, en estos días. El sábado se lanzó contra las posibles alianzas entre el PRI y el PAN, diciendo que por fin se habían descarado, cuando la alianza proviene de las ganas de que AMLO no se convierta en un líder autoritario y exclusivo de la vida política mexicana. Se unen para eso, no para declararse amigos. Si el presidente leyera un poco de historia sabría que el PAN nació y fue siendo la alternativa de una corriente política que él no entiende y el PRI también. En fin.

Pero eso no es para efectos de lo que quiero decir, lo importante. Lo importante es que ya empezó a hacer campaña por MORENA y a hablar sobre la elección del año que entra y a pedir que todos voten por MORENA.

Lo cual esta prohibido por la ley y es una mal presagio para el próximo año. 

No sólo porque el presidente se meta en cosas que tiene prohibido, sino porque los castigos no están bien definidos y vamos a tener que tolerarlo defendiendo su libertad de expresión y su violación a la legalidad, cuando debe ser el primero en defenderla.

Nuestro principal problema, les guste  o no a los  chairos y a los fifi, es que la legalidad, no tiene ocupación  o certeza en nuestra vida pública y en nuestra cotidianidad. Sólo vean el caso del restaurantero francés en Polanco. Por no pagar derecho de piso, hoy amaneció muerto. Ese el costo de no respetar la legalidad. Comienza con buenas intenciones. Acaba en la muerte de un hombre valiente que no quiso pagar la ilegalidad. Nada menos y nada más.

Miguel González Compeán

Abogado, politólogo y economista

Columna invitada

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.

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