El anuncio es bastante escueto y deja mucho espacio?a la imaginación y las dudas. Es claro que Cuba gana?al conseguir un inversionista, ¿y México?

¿Quién dijo que Felipe Calderón sólo tenía sorpresas electorales en la chistera? La firma de un acuerdo entre Pemex y la petrolera cubana Cupet es una bomba. Abre la posibilidad de que Pemex entre directamente en la exploración y explotación petrolera en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) que Cuba posee en el Golfo de México.

Es una bomba porque rompe esquemas. Paradójicamente, es más novedoso para México que para Cuba. Los isleños llevan algunos años en una estrategia agresiva de promoción de la inversión extranjera en su sector petrolero. Dividieron la ZEE en 59 parcelas que son licitables para explorar y explotar el petróleo. Casi la mitad de estas parcelas han sido asignadas a empresas como Repsol, Petróleos de Venezuela, Statoil de Noruega. Gazprom, de Rusia, Petrobras y Sinopec, de China. La petrolera mexicana se convertirá en la décima empresa en participar en territorio cubano.

El coqueteo de Cuba con Pemex es un asunto que tiene larga historia. En 1994, al final de la administración de Carlos Salinas, se firmó un acuerdo para que México modernizará la refinería de Cienfuegos. Dos años más tarde, el convenio fue roto de común acuerdo por razones económicas. Al comienzo del gobierno de Vicente Fox hubo otros acercamientos. En este caso no prosperaron por la falta de (petro)química entre Vicente Fox y Fidel Castro.

La decisión de Felipe Calderón es sorpresiva, aunque desde hace algunos días había ido tomando forma. De acuerdo con fuentes diplomáticas, las negociaciones entre México y Cuba se intensificaron desde noviembre pasado. Han participado, de parte de México, las secretarías de Energía, Relaciones Exteriores y Pemex.

El anuncio del acuerdo se dio en el contexto de la gira relámpago de Felipe Calderón a la isla. El informe es bastante escueto y deja bastante espacio para la imaginación y las dudas. Está claro que Cuba gana al conseguir un inversionista que toma los riesgos y le otorgará un porcentaje de participación, en caso de éxito. ¿Qué espera Pemex de su incursión en Cuba? Las incógnitas a despejar más importantes son el tamaño de la inversión y el retorno esperado. No estamos ante una variable totalmente desconocida. Pemex ya opera indirectamente en Cuba, a través de Repsol, empresa donde tiene 9.5% de participación accionaria. Otra variable a despejar es el horizonte temporal. Por sus características, estamos hablando de proyectos cuya maduración se mide en años.

Para México, los riesgos van más allá de la incertidumbre del retorno financiero. Ir a Cuba implica desafiar a Estados Unidos. ¿Estamos listos para echarnos una bronca, en nombre de las minas del Rey Salomón? Más allá de las repercusiones simbólicas, hay una legislación estadounidense que sanciona a empresas extranjeras que hacen negocios en Cuba. No está claro cómo la ley Helms-Burton podría afectar a Pemex, que realiza 80% de sus ventas a Estados Unidos.

Las otras nueve petroleras que han ido a Cuba han podido ignorar esta absurda ley, pero ningún país depende tanto de las relaciones con Estados Unidos como nosotros.

Pemex-Cupet van hacia el altar. Una parte de mí celebra la parte romántica del enlace. La otra se pregunta: ¿sabrá ese muchacho mexicano lo que está haciendo?

lmgonzalez@eleconomista.com.mx