Helsinki. Los presidentes Putin y Trump eligieron a Helsinki para poner punto final al legado diplomático de Obama, es decir, para borrar a corto plazo las sanciones económicas que el mandatario estadounidense impuso al gobierno ruso por la anexión de Crimea (2014) y la injerencia electoral (2016).

La marca Finlandia se vincula a la de una nación cuya oferta diplomática se fundamenta en la paz. Así lo consideraron George H. Bush y Mijail Gorbachov en 1990, tras elegir Helsinki como sede de su encuentro para conjugar una estrategia militar frente a la crisis en el golfo Pérsico tras la invasión de Kuwait por tropas iraquíes. Bush y Gorbachov recordaron que en 1975, los presidentes Gerald Ford y Leónidas Brezhnev, junto a los dos mandatarios de las Alemanias eligieron Finlandia para firmar el “Acta Final de Helsinki” cuyo contenido fue un acuerdo de cooperación entre los países del Este con los del Oeste.

Después de permanecer unida con Suecia durante 400 años, desde el siglo XV, Finlandia fue anexada a Rusia de la que se independizó en 1917, durante una época caracterizada por una grave inestabilidad producto de la revolución bolchevique.

Actualmente en la plaza del Senado, junto a la catedral luterana de Helsinki, se encuentra un monumento a Alejandro II, uno de los zares rusos que también fue príncipe de Finlandia.

Hace poco más de 20 años los presidente Bill Clinton y Boris Yeltsin eligieron Finlandia para dirimir sus diferencias sobre la integración de Polonia, Hungría y la República Checa a la OTAN. Era evidente que Yeltsin se negaba a considerar a sus vecinos como bloques ideológicos de contención. Al concluir la reunión ambos mandatarios confirmaron su desacuerdo pero, sobre todo, su respeto y tolerancia frente a sus diferencias.

Putin sostiene una buena relación diplomática con el presidente finlandés Sauli Niinistö. Le propuso que Helsinki lo recibiera junto a Trump. Es el presidente ruso a quien le interesa tener un entorno serio y sobrio para animar las relaciones con Estados Unidos. Trump tiene dos objetivos a través de la reunión: dejar atrás el capítulo que le heredó Obama (una obsesión que mantiene no sólo en el tema ruso sino en todos los que conforman las agendas política y comercial) y consolidar su nueva agenda de socios internacionales.

Para el profesor Teivo Tevailnen, durante una conversación con El Economista, el encuentro “buscará reactivar la capacidad máxima de sus respectivas embajadas” después de que Obama ordenara la expulsión de 35 diplomáticos rusos de la embajada en Washington en respuesta al hackeo de información del Partido Demócrata durante la campaña presidencial de 2016.

Un diplomático finlandés, en conversación con El Economista y quien prefirió mantener el anonimato para hablar con mayor confianza, comenta que los encuentros de esta naturaleza, “no buscan grandes acuerdos sino pequeños cambios estratégicos” con los que le den un giro a la relación bilateral.

La disposición  de Trump para dar ese giro, existe. Es clara. Sin embargo, hay un elemento exógeno que lleva veneno: la investigación del fiscal especial en el tema de la injerencia rusa en las elecciones. Por lo pronto, Robert Mueller ya movió ficha la semana pasada al señalar a 12 agentes rusos como parte de una red de hackers que actuaron para perjudicar a la candidata demócrata, Hillary Clinton.

¿Cómo será leído por la Historia el  encuentro de Trump y Putin? Mañana tendremos la primera interpretación.

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.