Pumas sigue pagando, y muy caro, la inexperiencia de Alberto García Aspe. No importa que Beto haya sido un emblema de la institución como jugador, que sea gente de casa, porque al final el vicepresidente del conjunto de la UNAM erró al pensar que dar el salto de los micrófonos a los escritorios iba a ser sencillo, que su pasado auriazul sería suficiente para triunfar.

No. Al directivo le han bastado 15 semanas para dejar claro que le falta, y mucho, experiencia, visión y paciencia para llevar al equipo de sus amores a ser protagonista por sus virtudes dentro de la cancha y no por la polémica fuera de ella.

Primero Aspe se equivocó al llevar a Joaquín del Olmo como entrenador con apenas algunos partidos en Primera División al frente de Tijuana, equipo en el que también fue destituido de manera prematura. Después, una vez que el Jaibo ya estaba al frente, erró al carecer de paciencia hacia un proyecto nuevo, con muchas caras nuevas. Alberto decidió despedir al joven estratega que con todo y los altibajos tenía al equipo en zona de calificación.

Apenas fue víctima de la nula paciencia, el directivo volvió a equivocarse, ahora al elegir al sustituto de Del Olmo: un hombre con pasado americanista –situación inaceptable para sus seguidores- y que públicamente realizó fuertes críticas a Martín Romagnoli en su etapa como analista, uno de los refuerzos que fue borrado mientras Mario Carrillo permaneció en el banquillo.

Ya con Carrillo en el timón vinieron las exigencias de los aficionados que pedían su salida, situación que Aspe advirtió que no sucedería en una conferencia de prensa, asegurando que tendría todo su apoyo. Pero no. Ocho jornadas después, y tras caer ante América, el directivo salió antes los medios a informar que de nueva cuenta se había tomado la decisión de cortar un proceso, aún y cuando, a pesar de todo, el club mantenía posibilidades de calificar.

Y para cerrar con broche de oro su campaña de debut como vicepresidente de Pumas, Alberto salió hoy a evidenciar su soberbia, sentenciando que no tiene que rendir cuentas ni a afición ni prensa, cuando, al menos con los primeros, se pensaría que estaría obligado a dar la cara y explicar sus errores ante una de las mejores aficiones el país que ya le soportó que llevara a un técnico que jamás debió pisar el vestidor universitario.

Ahora sólo resta esperar, primero, a saber si Antonio Torres Servín logra calificar al equipo con apenas unos días para cambiarle la cara al plantel, y, segundo, si Aspe logra mantenerse en su puesto luego de una campaña en la que ha dejado clara su inexperiencia, situación que han pagado los mismos Pumas y su afición.