La semana pasada, The Wall Street Journal publicó su encuesta más reciente sobre el panorama económico y financiero de EU. La encuesta, que se levantó entre 53 economistas entre el 4 y 8 de junio, tiene una importancia especial, porque ya incorpora el impacto de la crisis de finanzas públicas europea que ha desatado un nuevo ciclo de incremento en la aversión al riesgo y la volatilidad en los mercados.

A pesar del impacto negativo que la crisis fiscal tendrá en el crecimiento de Europa, los resultados de la encuesta dan a entender que la economía americana debe salir bien librada de esta situación. El crecimiento del PIB esperado para EU en el 2010 se incrementó de 3.1% en la encuesta anterior a 3.2% en la actual.

La revisión positiva se ha dado de manera lenta, pero constante desde hace 12 meses, cuando la expectativa de crecimiento del PIB para el 2010 era de 2.7 por ciento. Asimismo, se presenta por primera vez la estimación de crecimiento para el 2011, que se ubica en 3.2 por ciento.

A pesar de la expectativa de un buen ritmo de crecimiento, las estimaciones para el desempleo casi no han variado, reflejando un entorno complicado para lo que resta del año y una pequeña mejoría para el 2011.

En promedio, se espera que el desempleo se ubique en 9.4% para diciembre de este año y en 8.6% para finales del 2010. Esta expectativa implica una creación de aproximadamente 2.2 millones de empleos durante los próximos 12 meses, lo cual es un reto interesante. Hasta ahora, el número de despidos en la economía estadounidense ha disminuido considerablemente, pero la creación de empleos nuevos todavía no ha repuntado.

El alto nivel de capacidad ociosa en el mercado laboral es perfectamente consistente con la expectativa de que no haya presiones inflacionarias, a pesar del alza de precio de ciertos commodities, como los granos y los combustibles. La encuesta revela una mejoría en los pronósticos de inflación que se ubican en 1.4% para el 2010, comparado con una expectativa de 1.8%, hace tan sólo un mes, y 1.9% para finales del 2011.

A pesar del optimismo reflejado en cuanto al crecimiento del PIB, la débil situación del mercado laboral en conjunto con la ausencia de presiones inflacionarias y el riesgo de contagio por la turbulencia en los mercados, han llevado a la mayoría de los encuestados a posponer su pronóstico de alza en tasas por parte de la Fed por casi tres meses, hasta el primer trimestre del 2011 comparado.

La encuesta también contiene una serie de respuestas muy interesantes, que no necesariamente involucran el pronóstico de variables económicas en particular. Por ejemplo, la encuesta revela que las principales amenazas al crecimiento son el contagio de la crisis griega a otras latitudes y un mayor estancamiento del mercado laboral en EU.

En cuanto a la crisis de finanzas públicas en Europa, los economistas encuestados asignan una probabilidad de 73%, a que Grecia incumpla o tenga que reestructurar su deuda, mientras que para Portugal, España, Irlanda e Italia estas probabilidades son de 43, 37, 30 y 28%, respectivamente. Por otro lado, las principales sorpresas positivas podrían venir de una mejoría, mayor a la esperada en la creación de empleos en EU y de un aumento mayor al pronosticado en los niveles de consumo en ese mismo país.

Otra pregunta interesante hecha a los encuestados es sobre la probabilidad de que la zona euro tenga que desintegrarse en algún momento durante los próximos 10 años. La encuesta asigna una probabilidad de 34% a este evento y la mayoría de los encuestados asignó una probabilidad menor a 50 por ciento. Sin embargo, el número de respuestas que asignan una probabilidad igual o mayor a 50% equivale casi a 30% de los encuestados.

Quizá lo más interesante es leer algunos de los comentarios en favor y en contra de la posible reestructuración o disolución de la zona euro. Por un lado, los que apuntan a una posible disolución o reestructura apuntan a la gran divergencia en políticas fiscales entre los diferentes miembros. Mientras tanto, los que abogan por el statu quo argumentan que las implicaciones políticas y económicas de dicha disolución o reestructura son tan trascendentales que las autoridades financieras de las economías más importantes harán todo lo posible por impulsar la supervivencia del euro.