Restaurar un gran parque urbano como Chapultepec (en sus cuatro secciones) reclama competencia, conocimientos, estudios, experiencia, creatividad y seriedad. Exige la dirección de un connotado arquitecto y urbanista, y la concurrencia de expertos forestales y botánicos, arquitectos de paisaje, ingenieros y sociólogos – e incluso artistas. Requiere ineludiblemente de un diagnóstico sistemático, y por supuesto, de un verdadero plan maestro integrador que exprese, localice y ofrezca bases de diseño a los conceptos rectores y a los componentes y procesos más relevantes. Nada de esto hay en el proyecto Chapultepec promovido por la Secretaría de Cultura federal y el gobierno de la Ciudad de México, lo cual pudiera ser sorprendente dada la escala extraordinaria del presupuesto disponible para ello (10,000 millones de pesos). Pero visto en el contexto nacional, el proyecto sigue las pautas de lo ocurrido con los proyectos consentidos del régimen como el Tren Maya, Dos Bocas, y Santa Lucía; se decidieron y arrancaron sin estudios de factibilidad ni diagnósticos, y fueron producto de la ocurrencia iluminada, además de asignados de manera directa y discrecional. Es de destacarse el enorme gasto que se realizará en Chapultepec, paradójicamente, ante el desmantelamiento presupuestal que han sufrido los museos del país.

El proyecto Chapultepec fue asignado discrecionalmente sin concurso (todos los proyectos urbanos deben de ser concursados entre arquitectos y urbanistas reconocidos, y con la participación del Colegio de Arquitectos), ni licitación. Consiste en una colección caprichosa de elementos como museos militares y políticos, cubo acústico, museo del maíz, calzada flotante (en realidad, un puente peatonal sobre el Periférico), pabellón de arte contemporáneo, y un aparatoso túnel debajo de Avenida Constituyentes. Como lo señala el arquitecto Alberto Kalach, se trata de un listado de piezas con nombres rimbombantes, pero nada más. Llama la atención un proyecto de este tipo que pretende saturar aún más de edificaciones e instalaciones a la Primera Sección de Chapultepec, y de desaparecer espacios como el Jardín Botánico.

La Primera Sección de Chapultepec no admite más infraestructuras ni carga de visitantes, y lo que la ciudad demanda es una redistribución de espacios públicos y espacios verdes, y de oferta cultural hacia el norte y oriente, las zonas más desfavorecidas de la metrópolis. Están replicando equivocadamente la lógica de ubicación de la Estela de Luz – por cierto, también abandonada. La Primera Sección necesita limpieza y orden, solución al problema del ambulantaje, sanear arbolado, dar mantenimiento, y reparar fuentes y equipamientos. También es de exigirse conectividad y apertura de Chapultepec hacia las colonias ubicadas al otro lado de la Avenida Constituyentes (muchas de ellas colonias populares) que tienen bloqueado el acceso al bosque. Es absurdo pretender nuevas instalaciones en la Primera Sección. A la Segunda Sección le urge recuperar y restaurar parques de diversiones, lagos y museos (como el Museo de Historia Natural) y la creación de un nuevo museo de la biodiversidad aprovechando el lago menor y sus estacionamientos. Esto, junto con un programa de erradicación y sustitución de eucaliptos por el arbolado original de la zona (encinos, fresnos, sauces, negundos, ahuehuetes). La Tercera Sección, exige de la misma forma, ser restaurada ecológicamente (hoy es en gran parte un desierto con eucaliptos), para restablecer en la medida de lo posible el ecosistema original, así como rehabilitación de barrancas y de cauces y arroyos, construcción de colectores marginales y plantas de tratamiento de aguas. Es preciso, eso sí, dar un nuevo destino a las instalaciones abandonadas de El Rollo y Atlantis. Por supuesto, deben integrarse las tres secciones (y la Cuarta), y el Panteón de Dolores mediante infraestructuras y sistemas adecuados de accesibilidad y movilidad, y recuperarse las áreas ocupadas por unidades militares.

En fin, pero estamos frente a otra ocurrencia, otra asignación directa, y otro derroche de recursos del erario.

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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