El ofrecimiento suena a caravana con sombrero ajeno. ¿Quién o quiénes van a asumir los costos de esas donaciones a Cuba si se dan?

Por razones de trabajo, dos veces estuve de visita en Cuba. Ya en el contacto con los cubanos –tradicionalmente simpáticos– al poco rato afloraba en sus labios un lamento en cascada: no hay leche para los niños, como tampoco jabón de baño ni toallas higiénicas, al igual que medicinas y muchos otros satisfactores esenciales. Pero curiosamente, esas quejas no eran seguidas de acusaciones en contra de las autoridades y desde luego ni siquiera era imaginable la posibilidad de protestar.

Yo sabía que las condiciones de precariedad en la isla se habían exacerbado, pero en razón de los antecedentes relatados fueron para mi gran sorpresa las manifestaciones que estallaron el pasado domingo. La gran novedad eran esas protestas, al igual que las consignas que se expresaban: “¡Abajo la dictadura!”, “¡Abajo Díaz Canel!”, “No tenemos miedo”… En contraste, en lo que no hubo novedad fue en la reacción del régimen: echarle la culpa a Estados Unidos “por un complot orquestado desde Washington y Miami” y desde luego las amenazas de represión bajo el argumento muy gastado: “No vamos a entregar la soberanía de nuestra Patria”.

Aquí en México, las respuestas del presidente López Obrador se produjeron impregnadas de una evidente simpatía por el régimen, en el cual el liderazgo fue entregado de manera totalmente unilateral por parte de Raúl Castro a su delfín Díaz Canel. Una primera reacción de AMLO, muy digna de análisis crítico, fue la de ofrecer ayuda al gobierno cubano. En esta coyuntura de crisis, México podría colaborar con él envió de medicamentos, vacunas, comida y (sic.) “con lo que se requiera”. El ofrecimiento me sonó a caravana con sombrero ajeno. ¿Por qué, quién o quienes van a asumir los costos de esas donaciones a Cuba en caso de que se den? Al respecto, cabe recordar que el presidente no es el dueño personal de los bienes que están en poder del gobierno mexicano.

Y en cuanto a la segunda intervención de López Obrador, el presidente ni siquiera cayó en la cuenta de la forma en que le llevó las contras al gobierno cubano. En ese orden, mientras la postura de Díaz Canel fue claramente de autoridad y de amenaza de represión, AMLO se adornó y pontificó: “debe buscarse una salida mediante el diálogo, sin el uso de la fuerza, sin la confrontación, sin la violencia”. Como para que Díaz Canel le reclamara: no me ayudes, compadre...

bdonatello@eleconomista.com.mx

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

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