Hace unos meses, en una intervención ante el Parlamento Europeo, hice un llamamiento a la necesidad de proteger Europa para que Europa protegiera a su ciudadanía.

En la primera parte de aquella afirmación —proteger Europa— apelaba a la necesidad de que los europeos tomaran conciencia de los riesgos que acechan a la Unión Europea, y que obraran en consecuencia. La segunda parte —una Europa que protege— es una apuesta firme, decidida, por la Europa social.

La Europa que protege es la Europa que cohesiona, que une a la sociedad con hechos y no sólo de palabra, con más solidaridad y no menos. Proteger Europa es fortalecerla y no ensimismarla, no debilitarla enquistando los problemas. Mucho menos disgregarla con nuevas trincheras mentales o físicas. Tampoco centralizar sus competencias, negando la diversidad europea y debilitando el principio de subsidiariedad. Proteger Europa es federalizarla. Es volver a alinear los principios con los actos. La filosofía con la realidad, los valores con los hechos.

Una sociedad desamparada es una sociedad más proclive a creer en profetas. Profetas con distinto rostro —autoritarios, extremistas o nacionalistas—, pero idéntica aproximación intelectual: soluciones simples a problemas complejos, más vallas, más aranceles, más repliegues...

Ésa es la propuesta de los ultras: exagerar el miedo para hacer que la sociedad se atrinchere.

Es el descontento ante esta realidad lo que hace avanzar a los enemigos de una Europa unida, empeñados en detener el reloj de la historia y volver a situar sus agujas en la nostalgia de un pasado que idealizan. Pero el futuro de una sociedad no es su pasado.

La Europa que queremos es la Europa de la industria 4.0, que compita por la excelencia, que cree una economía moderna y emprendedora sin renunciar a algunos de sus potenciales económicos más distintivos. La inteligencia artificial, el universo digital, la robótica y las energías limpias son los espacios en los que se está ganando el futuro. Europa tiene que mirar a China y a Estados Unidos y ocupar el espacio que le corresponde junto a ellas.

Debemos acometer las nuevas reformas pendientes que apuntalen la moneda única para completar la unión monetaria, culminando la unión bancaria, consolidando el pilar fiscal del euro y poniendo en marcha el sistema europeo de seguro de garantía de depósitos. Es preciso impulsar un verdadero presupuesto para la zona euro.

Es preciso preservar nuestro contrato social y proteger a los más vulnerables mediante acciones decididas, como el seguro europeo de desempleo.

El escritor y filósofo Henry David Thoreau dijo que “si habéis construido castillos en el aire, vuestra obra no tiene por qué perderse: están donde tienen que estar. Ahora hay que poner los cimientos debajo”.

*Presidente del gobierno de España.