El pasado 26 de diciembre, un nuevo y talentoso colaborador de El Economista escribió en su entrega: Los economistas pueden explicar el impacto real de la introducción de mercancías por parte de viajeros, el común de los mortales no entendemos ese ‘celo’ aduanero… Los economistas se encuentran radicalmente divididos en la materia de proteccionismo comercial.

En un bando, que por desgracia parece mayoritario en México, están los antagonistas de la apertura. ¿Por qué lo son? Aventuro que por ignorancia y además por razones ideológicas: se sienten progres con esa postura.

En el mejor de los casos, el economista en favor del proteccionismo tiene una visión parcial de los efectos que produce el comercio exterior. En otras palabras, sólo ve el lado de los productores locales que se sienten amenazados con la competencia de las importaciones. Pero también está la dimensión de los consumidores, que integran a la totalidad de la sociedad, mientras que los productores protegidos son solo una minoría.

En beneficio de esa minoría, por efecto del celo aduanero , la totalidad de la población tiene que aceptar precios más altos para lo que compra, menor calidad para los productos y menor variedad; todo ello en detrimento del bienestar material de las grandes masas.

La medida de impedir que los paisanos que viven y trabajan en Estados Unidos traigan regalos a sus parientes que viven en México es una expresión de la tradición proteccionista, que es muy profunda en nuestro pais.

Si se piensa bien, en rigor esas mercancías que ingresan al país los paisanos que viven allende al Bravo no constituyen exportaciones en la medida en que su entrada no representa para México un salida de divisas. Los dólares con que se adquirieron se obtuvieron localmente en Estados Unidos. El ingreso de esos bienes se convertiría en una exportación sólo si se vendieran localmente y el vendedor se llevara el importe de regreso a Estados Unidos.

Pero cabe preguntar: ¿en cuántos casos de paisanos visitantes se produce esa venta? Supongo por intuición que debe ocurrir en muy pocas ocasiones. Entonces procede afirmar que el celo aduanero carece de justificación económica en el caso del que me ocupo y que despertó la indignación del colega Juan María Naveja.

Tiene razón ese colega: el proteccionismo comercial en la forma de celo aduanero ha sido una causa muy importante, y lo sigue siendo, de graves distorsiones en la economía mexicana.

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