López Obrador (referirse a él como el señor López, a pesar de que así se apellida, ofende a sus seguidores y da pie a ser insultado) no aprendió prácticamente nada en sus cursos de Economía cuando estudió la licenciatura en Ciencia Política en la UNAM. En cualquier curso de Economía introductoria se enseña el principal concepto en teoría económica: el de costo de oportunidad, definido como el beneficio que se hubiese obtenido de haber destinado un recurso a su siguiente mejor alternativa.

El señor López sigue insistiendo en que reducirá el precio de los combustibles y el de energía eléctrica para beneficio de la población y para hacer más competitiva a la industria, con el expediente de construir cinco nuevas refinerías y utilizar a plena capacidad las plantas termoeléctricas de la CFE, así como eliminar la corrupción en Pemex y la CFE. Lo de eliminar la corrupción obviamente es un propósito loable; pero en lo demás no tiene sentido. Como indiqué en mi artículo de la semana pasada: construir cinco refinerías no tiene el menor sentido, como tampoco lo tiene utilizar las plantas termoeléctricas que son las que pone en operación la CFE en las horas pico, ya que es mucho más barato generar electricidad con las plantas de gas natural de ciclo combinado.

En cuanto al subsidio a los combustibles, particularmente, la gasolina, dados los precios internacionales de referencia y los precios internos, este año ascenderá a un monto de casi 200,000 millones de pesos. De cobrar la gasolina a precios internacionales, esos mismos recursos -y aquí entra el concepto de costo de oportunidad- podrían canalizarse a los 5 millones de familias más pobres del país, las cuales recibirían como transferencia directa a su ingreso un monto anual de 40,000 pesos, mucho más de lo que reciben actualmente a través del programa Oportunidades. Pasando a otra linda propuesta del señor López, está la de incrementar los salarios mínimos, cada año, por arriba de la inflación. Sonaría bien si no fuese porque no tiene sentido. Incrementar los salarios nominales por decreto, por arriba de lo que hayan aumentado los precios, no garantiza un aumento del salario real. El señor López debería saber que la única forma de lograr un aumento sostenido de los salarios reales es a través de un incremento en la productividad de los factores de la producción.

Decretar aumentos nominales sin que esto sea acompañado de mayor productividad sólo genera presiones para que los precios aumenten (invalidando el aumento nominal), así como el desempleo.

Y una más. En una reunión con industriales, el señor López indicó que la apertura comercial no ha servido y que se comprometía a proteger a la planta industrial de la competencia indiscriminada . Quizás no lo sepa pero que la economía mexicana se haya abierto al comercio internacional ha traído enormes beneficios, como son una mayor libertad y bienestar para los consumidores, la modernización de la planta productiva nacional, mayor calidad de los bienes producidos internamente, la alineación de los precios internos con los internacionales y que México sea uno de los principales países exportadores del mundo. Regresar al proteccionismo comercial sería volver a dar a los productores nacionales un mercado interno cautivo, lo que les permitiría, nuevamente, vender a precios más elevados, con la consecuente pérdida en el bienestar de los consumidores. Habría que recordarle al señor López que el principal objetivo de la política pública es la maximización del bienestar de los consumidores.

Propuestas que suenan bien pero que no tienen sentido.

ikatz@eleconomista.com.mx