Contrario a lo que se piensa, las personas de menos ingresos sí ahorran y muchas veces eso se convierte en una cultura.

Existen muchos mitos en torno de los pobres. Uno de ellos es que no pueden ahorrar. Las explicaciones abundan: apenas les alcanza para comer, tienen mucha familia, cada vez es más caro el pago de los servicios básicos, como agua, luz, gas, y no se digan los gastos de la escuela.

Un experto en pobreza afirmó que es una barbaridad pensar que los pobres puedan ahorrar. Las evidencias desmienten este mito.

En este breve texto se presenta un análisis sobre la práctica de ahorro entre el 2008 y el 2011 que han ejercido socias y socios de una cooperativa que sólo tiene presencia en comunidades rurales.

Los resultados son relevantes para comprender la dinámica del ahorro dentro de una cooperativa rural que impulsa fuertemente el ahorro. Observamos que en el periodo del 2008-2011:

1. La proporción de quienes ahorran de entre 5 y 10 pesos disminuyó de 40.7 a 36.1 por ciento. Más personas ahorran arriba de 10 pesos por semana.

2. La proporción de quienes ahorran de entre 11 y 20 pesos aumentó de 44.75 a 47.8 por ciento.

3. La proporción de quienes ahorran más de 20 pesos aumentó de 14.4 a 15.9 por ciento.

Si comparamos estos datos con la respuesta que 1,283 socios respondieron a la pregunta realizada a principios del 2012 sobre cuánto se proponen ahorrar cada semana, observamos que los que se proponen ahorrar hasta 10 pesos a la semana, de hecho ahorran más de esa cantidad; los que se proponen ahorrar entre 10 y 20 pesos tienden a cumplir su meta y, finalmente, los que se proponen hacer depósitos superiores a 20 pesos se aproximan a su meta o rebasan la meta que ellos mismos se fijaron. No sólo esto, sino que los datos muestran que cada año se incrementa la proporción de ahorro que guardan estas personas, independientemente de la dinámica económica general.

En la primera columna aparecen las cantidades a ahorrar, a partir de 5 pesos. En la segunda columna aparece la proporción de respuestas con relación a la cantidad que cada socia/o se propone ahorrar por semana. Las siguientes columnas corresponden a la proporción de depósitos realizados durante los años considerados por más de 20,000 socios, 75%mujeres.

Estas evidencias nos llevan a confirmar hechos más que probados:

1) Los pobres ahorran y cuando encuentran un lugar seguro, se incrementa la proporción de sus ingresos que destinan al ahorro.

2) La frecuencia del ahorro marca una diferencia importante. Cuando se establecen metas de ahorro semanal, se ahorra más que si se establecen metas mensuales.

3) El ahorro semanal se convierte, a lo largo del tiempo, en una rutina. Si la rutina permanece por meses y años, entonces se transforma en una cultura.

4) Cuando el ahorro se convierte en una cultura, las personas cambian sus propias expectativas. Ante una cantidad ahorrada, por mínima que sea, separada del gasto diario, se incrementan las opciones. Mientras más opciones se tienen, el campo de decisión se amplía.

5) Siempre que se aumentan las diversas alternativas para decidir el destino del ahorro, las personas incrementan su propia estima.

6) No es sorprendente que sean las mujeres las que estén encontrando en sus pequeñas cuentas de ahorro una ampliación de su propia personalidad, pues empiezan a tener un ámbito de decisión que no tenían cuando no existía ese ahorro.

Todo este planteamiento conduce a repensar el actual discurso sobre la inclusión financiera. Pero esto será materia de futuras reflexiones.

*Experto en microfinanzas. Coordina ?Cosechando Juntos lo Sembrado, SC.

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