Parecía inevitable que los analistas que consulta mensualmente el Banco de México revisaran a la baja sus pronósticos de crecimiento económico para este año, a la luz de los resultados obtenidos hasta hoy.

Ahora, el hecho de que no compartan el optimismo gubernamental de proyectar el crecimiento del Producto Interno Bruto al cierre de este año en algo cercano a 4% no significa que sean pesimistas, que sean antipatriotas o que tengan deseos de molestar a las autoridades.

Simplemente las herramientas que cada uno de esta treintena de expertos tiene a la mano no le da para poder calcular algo más allá de 3.23%, que incluye la encuesta mensual del Banxico como promedio de estas estimaciones.

Hay entre los encuestados quienes no creen que la economía llegue a un crecimiento de 3%, incluso algunos de los más pesimistas estiman que ni siquiera 2% es una opción de crecimiento económico para este 2014.

Es obvio, del otro lado, que para que el promedio sea de 3.2% hay quien aventura un crecimiento económico mexicano este año de casi 5 por ciento.

La inflación logra un promedio de opiniones en torno a 4%, después de que los analistas se sienten poco más tranquilos con los datos recientes del comportamiento de los precios, tras el impacto de la cuesta fiscal de enero.

Pero más allá de los números que se ponen a las estimaciones del producto interno bruto (PIB), de la inflación, de las tasas de interés o de la creación de empleos, están las razones de este ligero pesimismo.

Llama la atención que por primera vez en muchos años desaparece de la encuesta mensual que levanta el banco central entre los expertos, nacionales y extranjeros, en materia económica como lastre para el crecimiento futuro el tema de la ausencia de cambios estructurales.

Llama la atención que ni uno solo de los encuestados tenga inquietud por la ausencia de las leyes secundarias que le darán verdadera viabilidad a los cambios constitucionales, a pesar de que hoy no existe al menos una iniciativa en torno a la reforma energética y la de telecomunicaciones. Pero en fin.

Pero al mismo tiempo no hay que perder de vista que el primer impedimento que aprecian para crecer es un asunto interno tan complejo, extendido y sin control como la inseguridad pública.

Esta variable no se corrige devaluando la moneda o subiendo la tasa de interés o con un decreto. La corrección pasa por un todavía ausente respeto al Estado de Derecho.

Al tiempo que el rubro que más incrementó su presencia entre las preocupaciones de estos analistas es la debilidad del mercado interno. Una respuesta que de seguro se vio influida por la medición de la confianza de los consumidores del primer mes del año.

Son mayoría los que creen que el clima de negocios habrá de mejorar durante los próximos seis meses, pero han crecido las opiniones de los que estiman que seguirá igual que hoy. Y uno, o dos, que son totalmente pesimistas y creen que las cosas se van a poner peor que el año pasado.

Ya será para la próxima encuesta. Por ahora la moderación es la divisa de los analistas que consulta el banco central mexicano frente al optimismo del gobierno federal.