Una de las actividades que promueven los gobiernos en los diversos ámbitos de su competencia, para atraer inversiones, es reducir tanto el número de trámites, como el tiempo y, por lo tanto, el costo para realizarlos.

Se trata de agilizar el proceso de registro, el inicio de operaciones, la operación y el cierre de negocios cuando ya no resulte rentable. Una parte muy importante para los inversionistas es hacer expedito el proceso de inicio y cierre de los mismos, de manera que todo aquel que entra a un sector a competir reciba las señales adecuadas, se muevan los recursos libremente, indicando la existencia de oportunidades, así como el agotamiento de las mismas.

En el país se decidió actualizar la vieja ley de quiebras, que hacía que un proceso de este tipo tomara años para resolverse, si es que se resolvía, tomando tanto tiempo que los activos de la empresa perdían valor de mercado, provocando de esa manera que todos los acreedores perdieran y limitando oportunidades.

Esto hacía poco interesante invertir en México, ya que tener que esperar a que un juez se pusiera las pilas y -dado el funcionamiento del sistema legal en el país- aguantar tanto los amparos como los tiempos excesivos para la presentación y el desahogo de las pruebas y evidencias hacían que el valor esperado de lo que se recuperara fuera cero o negativo.

Ahora resulta que estamos ante un caso impresionante de interpretación de la ley en el sentido contrario de la intención original del legislador.

Desde el 2010 se presentó la solicitud de concurso mercantil de la empresa más antigua de aviación en el país, misma que desde entonces no ha sido procesada y resuelta debido a la interpretación de un juez que al parecer desea a toda costa que la empresa sea rescatada.

Han habido múltiples amagos de personas e inversionistas institucionales por entrar al rescate, sin que hayan sido capaces de demostrar su solvencia o el origen legal de sus recursos, mientras que por su lado los sindicatos hacen cuanto está en sus manos para presionar a la autoridad, para que ceda, acepte la propuesta que sea y, de paso, anuncie una quita jugosa de adeudos.

No han entendido que, como está, la empresa jamás será rentable, pero el juez ha dicho que habrá tiempo infinito, negando con ello la oportunidad a otros para aprovechar los recursos; o sea, hay que esperar hasta que los activos valgan cero.

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