La senadora Elizabeth Warren y el primer ministro, Jeremy Corbyn, podrían ser electos en los meses por venir; presidenta de Estados Unidos y primer ministro de la Gran Bretaña, respectivamente. No son ganadores indudables, pero tienen posibilidades de serlo. En EU los demócratas tienen dificultades para ganar el centro, pero Donald Trump no gana adeptos entre los electores independientes. Se dice que los votos obtenidos en la elección pasada no serían suficientes para triunfar ante unos demócratas más movilizados, entre ellos, la izquierdista senadora por Massachusetts.

Warren sería la primera dirigente de Estados Unidos, desde Carter, con una agenda de alta intervención estatal en la economía. En Reino Unido las encuestas favorecen al excéntrico Boris Johnson, pero también es verdad que genera rechazo entre electores sin identificación partidista definida. Un escenario probable es que Corbyn encabece un gobierno de coalición con los liberales y los nacionalistas escoceses, que podría ganar escaños. El manifiesto de Corbyn también propone un grado de intervención estatal importante. Corbyn y Warren serían una dupla tipo Reagan y Thatcher, pero en sentido contrario; es decir, en pro de una agenda económica progresista como parte de la política de las dos economías más influyentes de Occidente.

Vivimos tiempos en donde nadie cuestiona la necesidad de mayor regulación financiera, de inversión estatal para la innovación, de sistemas de salud financiados en parte con aportaciones patronales, de ofertas universitarias gratuitas, de mayores impuestos a la renta y muchas otras ideas progresistas que antes eran señaladas como peligrosas para la prosperidad económica. El consenso actual consiste en reconocer que el capitalismo tiene que ser repensado, para construir uno con menor concentración de capital en pocas manos, menores diferencias de ingreso y mayores posibilidades de movilidad entre generaciones. Que prevalezca una agenda económica que impulse considerablemente la reducción de la desigualdad y la regulación del mercado para que la economía crezca y se haga efectiva la premisa de buscar el bien común. Claro que existen riesgos, se requiere de una estrategia de implementación adecuada y mantener fundamentos económicos sanos. Sin embargo, esta agenda es la que puede comenzar a disminuir el descontento social en buena parte de las naciones.

El problema sería que se mantuvieran los gobiernos de derecha radical de Boris Johnson y de Donald Trump, lo que también es probable. Las decisiones que han tomado en temas como el comercial lo único que harán es acelerar una recesión económica global y su agenda tributaria dé excepciones a los individuos y empresas de altos ingresos; es decir, sólo se va a profundizar la desigualdad y a deteriorar más los servicios públicos. La derecha se ha quedado sin agenda económica, el reto es articular con éxito las políticas fiscales, de salud, regulatorias, financieras, de servicios sociales e inversión que lleven a una economía global más próspera y justa, lo que también va a ayudar a consolidar democracias estables. Mucho de eso se jugará en Estados Unidos y en Reino Unido muy pronto.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.