Existir, vida, muerte, enigmas

Libro de los Antiguos Misterios

Producir mundo: crear estructuras que favorezcan el despliegue de la singularidad de cada quien en entornos de justicia. Eso sería una mundialización en su efectividad, sin duda, más allá de la manoseada globalización. El discurso del Presidente de México ante el Congreso estadounidense, en ocasión de su reciente visita al país vecino, hay que reconocerlo, se movió de acuerdo con el ritmo de ese giro, una agenda regional de producción de mundo.

Algún comentarista inadvertido y hasta uno o dos legisladores mexicanos ubicados aún en una geografía obsoleta, criticaron la propuesta argumentando que no fue prudente referirse en ella a temas que sólo los ciudadanos de esa nación podrían decidir: control de armas, migración, y un paso más largo en la integración económica. Nada más erróneo y fuera de lugar, aun si formalmente ésa sea la ruta de cualquier reforma legal.

En primer lugar, desde hace décadas, los gobernantes estadounidenses ante la prudencia nacionalista de los mexicanos declaraban en privado, que nos digan qué quieren, que nos propongan soluciones . La situación cambió con el TLC que fue la concreción de un horizonte abierto: en el proceso de globalización, a través de fuertes enlaces regionales, México quiere ser una economía sólida y competitiva, que genere los empleos que los mexicanos necesitan y, en este contexto, tener voz en el concierto internacional.

Si ahora ese instrumento ha sido desbordado, las difíciles negociaciones que en su momento encabezaron los representantes mexicanos y que permitieron que el Congreso estadounidense lo aprobara, estaban inspiradas por tres ideas de vanguardia. El mundo se hacia uno y diverso. La velocidad de las finanzas, virtuales por naturaleza, lo que las aleja de la economía real, exigían otros mecanismos de equilibrio. Por último, eran ya previsibles nuevas formas de violencia, sea por las diferencias entre los países árabes o las provocadas por el crimen internacional organizado.

En segundo lugar, a partir de la desa­parición de la Unión Soviética, Estados Unidos no sólo encabeza la globalización económica, sino que es el centro de negociaciones de la política internacional. Por su parte, México se encuentra en medio del intenso oleaje causado por tres fenómenos hiperglobales: violencia, inseguridad, migración, y una economía que no termina de remachar su solidez y su competitividad. Hoy, ante estas tendencias destructivas, México hace bien en recordarle al vecino que juntos han de producir mundo.