El incremento acelerado de la población a nivel mundial y el cambio en los hábitos de consumo de alimentos han traído como consecuencia que la demanda de éstos sea cada vez mayor, provocando presiones globales para la generación de tecnologías que permitan que la producción del sector primario se lleve a cabo de manera competitiva y sustentable, toda vez que se realiza en un entorno desfavorable por la presencia de fenómenos adversos como el cambio climático, la escasez de agua y la constante degradación de los recursos naturales.

La Agricultura de Conservación (AC) es uno de los sistemas productivos desarrollados para hacer frente a esta situación y se basa en tres principios: movimiento mínimo del suelo, cobertura de la superficie de la parcela con residuos de la cosecha anterior y rotación de cultivos.

Esta tecnología puede implementarse a todo tipo de especies y permite a los agricultores, con independencia de su tamaño, obtener mayores rendimientos con menores costos de producción, pues utiliza de manera eficiente y racional los recursos suelo, agua y vegetación.

De acuerdo con información del Centro de Desarrollo Tecnológico Villadiego de los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA), el volumen de cosecha de maíz de riego bajo este sistema presenta incrementos de hasta cinco toneladas por hectárea y los costos se ven reducidos hasta en 25 por ciento.

Por su parte, el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo afirma que el aumento de este grano en condiciones de temporal alcanza 1.8 toneladas por hectárea y los costos disminuyen en 35 por ciento.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura sostiene que la AC es utilizada de manera exitosa en casi 130 millones de hectáreas a nivel mundial (9% de la superficie arable global), principalmente en naciones como Estados Unidos, Argentina y Brasil, con participaciones aproximadas de 25 millones de hectáreas cada uno.

En México, su adopción ha sido lenta. Este suceso tiene su origen en el desconocimiento del concepto de AC por parte de los productores, la insuficiencia de capital para invertir en el proceso de cambio y el uso arraigado de los métodos convencionales.

Por esta razón, y dada la importancia de que el sector primario nacional transite a una posición adecuada para los entornos económico y ambiental actuales, las instituciones gubernamentales y de investigación promueven e impulsan iniciativas como la Modernización Sustentable de la Agricultura Tradicional, el proyecto estratégico de Apoyo a la Cadena Productiva de Maíz y Frijol y el Programa de Garantía Tecnológica, para que la información, los conocimientos, técnicas y recursos necesarios para poner en marcha la AC estén al alcance de los productores, pues son ellos quienes con su participación y trabajo cambiarán la forma de hacer agricultura en México.

*Xóchitl Gil Camacho es especialista de la Subdirección de Evaluación de Programas de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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