La antigua Universidad, la que en su momento encabezaron rectores ilustres como José Vasconcelos, estaba ubicada en un conjunto de edificios dispersos detrás de la catedral. Con la mejor de las intenciones, el presidente Miguel Alemán impulsó la idea de darle a la llamada máxima casa de estudios una sede digna. Surgió de ese proyecto la actual Ciudad Universitaria, conocida coloquialmente como CU e inaugurada por ese presidente hacia finales de su mandato.

El concepto ha sido criticado. Se ha dicho que ese proyecto contribuyó al gigantismo de la Universidad y también que la centralización en un solo conjunto de inmuebles propicia desórdenes, el vandalismo por parte de seudoestudiantes y el secuestro de espacios universitarios por facciones que tienen poco que ver con una vida universitaria auténtica.

Sin respeto a la institución y a sus autoridades, grupos autodenominados anarquistas, comunistas, zapatistas, frentes populares, brigadas estudiantiles , etcétera, se han apoderado por la fuerza del auditorio de la Facultad de Filosofía, originalmente nombrado Justo Sierra (y rebautizado por los agitadores como Che Guevara). Se trata en realidad de una confiscación del patrimonio de la Universidad con apoyo en una retórica antijurídica: Reiteramos que el Che Guevara es de la comunidad universitaria y del movimiento estudiantil en su conjunto, por lo que rechazamos cualquier injerencia de la burocracia de la Universidad o de cualquier fuerza policiaca o porril .

En ese conflicto, las autoridades de la Universidad han jugado un papel despreciable y hasta repugnante. En aras de sus intereses personales, posiblemente inconfesables, han renunciado a defender el patrimonio universitario y de paso han expedido una invitación tácita para que grupos vandálicos se apoderen de otros espacios o inmuebles de la institución. Particularmente preocupante ha sido la actitud hipócrita y pusilánime asumida por el rector José Narro.

En el fondo de los sucesos denunciados subyacen deformaciones o malformaciones que explican por qué México sigue siendo un país subdesarrollado. El primero de los vicios que hay que denunciar es el patrimonialismo. Los vándalos que tienen secuestrado al Justo Sierra se sienten impunemente sus dueños. (Vergonzosamente, lo son de hecho por abdicación de las autoridades de la universidad.) El suceso también confirma lo vulnerables que son en México los derechos de propiedad. En su esencia, el auditorio Justo Sierra no pertenece a la despreciada burocracia de la Universidad (sic.), sino a la mancillada institución que les da empleo y cobijo laboral.

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