Uno de los problemas más graves que enfrentamos los mexicanos es la falta de confianza en nosotros mismos, entre nosotros y en nuestras instituciones.

Nos rehusamos a asumir cualquier responsabilidad y preferimos darle la espalda a los compromisos. El trasfondo de este rechazo quizá pueda ser explicado por nuestra falta de interés para entender qué es la libertad y cuánto podemos lograr cuando la ejercemos de manera inteligente y responsable.

Preferir que otros decidan para no tener que rendir cuentas ni asumir responsabilidades supone una actitud de indiferencia, ya sea por ignorancia o por comodidad. La experiencia ha demostrado que darle la espalda a los problemas, simplemente, los empeora.

Cuando entendemos que el eslabón más importante que une las relaciones entre personas es la confianza y que sobre ésta se construye todo, encontramos la clave de por qué cada día se deterioran más nuestras relaciones. Tenemos que romper el círculo vicioso que nace de nuestra indiferencia y nuestra constante negación (tanto para entender la libertad como para asumir la propia responsabilidad) y que genera esta desconfianza.

Es cierto, necesitamos recuperar la confianza que perdimos en nosotros. No confiamos en la ley porque muchos prefieren seguir viviendo al margen; sin respetarla ni cumplirla, no confiamos en nuestros servidores públicos porque muchos, en lugar de trabajar para México, trabajan para sus bolsillos; no confiamos en la policía porque tenemos miedo de que nos robe, secuestre o extorsione. Esto, sin generalizar en ningún momento. En efecto, la crisis financiera que azotó al mundo recientemente puso en evidencia lo que Gilles Lipovetsky ya había advertido años antes: El siglo XXI o es ético o no será .

En este sentido, el primer paso es recuperar el valor de las promesas, pues la persona que cumple su palabra se gana el respeto de los demás, genera confianza y adquiere autoridad moral. Demos aquello que queramos ver reflejado en nuestro alrededor y comprometámonos con México para hacer realidad nuestras promesas.

Si queremos recuperar la confianza entre nosotros y en nuestras instituciones públicas y privadas, necesitamos revalorar la palabra, las promesas y nuestra capacidad para vivir de manera ética diciendo la verdad aunque a veces cueste caro o nos resulte incómodo. Ésta es la única manera de convertir en realidad la promesa de vivir en un país más libre, solidario y próspero. Empieza por ti, hazlo hoy.

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