La mayoría de los países en el mundo cuentan con sistemas de planeación de muy largo plazo, sería irrisorio pensar en cualquier país desarrollado que en cada cambio de gobierno redirija estrategias, cancele obra pública de mediano plazo y reinvente la organización del gobierno. Eso, queridos lectores sólo pasa en México, y ésa es la principal razón, por la que avanzamos tan lento. Por eso, quiero dedicar este espacio a hacer un corte de caja que sirva de termómetro, y que nos mantenga alertas ante cualquier señal de retroceso e inestabilidad que vaya en detrimento de los mexicanos.

A partir de las reformas, se activaron nuevos motores económicos que por décadas estuvieron dormidos, esto permitió la creación de casi 4 millones de empleos formales (el doble que el sexenio anterior), se tuvieron los menores índices de desocupación, y el salario mínimo tuvo una recuperación real de más de 18%, gracias al control de la inflación que se mantuvo en mínimos históricos. En el sector externo también destacamos, exportamos 34% más que el sexenio anterior, somos el cuarto exportador más importante de vehículos a nivel mundial y el primer lugar de América Latina.

Transitamos de un modelo monopólico a uno de competencia abierta, Pemex comparte el mercado con 72 empresas de 21 países y CFE con 32 empresas de 12 países, y hay inversiones comprometidas de más de 200,000 millones de dólares. La única opción de hacer más eficiente a las empresas productivas del Estado no es dotándolas de privilegios presupuestales, sino empujándolas a una sana competencia como lo hacen la mayoría de las empresas petroleras en el mundo.

Según la OCDE en este sexenio el número de personas que usan Internet se triplicó; los precios de la telefonía móvil disminuyeron 43% y la larga distancia 40 por ciento. Somos la quinta economía con más crecimiento en este sector, y según estimaciones del IFT los ahorros de los mexicanos por estas reformas ascienden a más de 133,000 millones de pesos.

No hay crecimiento económico por decreto. México alcanzó un crecimiento acumulado de 13% en este sexenio, el doble del acumulado en la suma de los dos sexenios anteriores, y muy encima del promedio de Estados Unidos, América Latina y Europa, porque se mantuvieron finanzas públicas sanas y un ambiente adecuado para la generación de inversiones.

La inversión pública fue estratégica. Se modernizaron 28 aeropuertos, se duplicó la capacidad portuaria marítima, y están en proceso dos trenes en importantes zonas metropolitanas del país. Se construyeron 40,000 kilómetros de caminos rurales, y otros miles de kilómetros modernizados de carreteras y autopistas que conectaron desde Baja California hasta la península de Yucatán. Y se estaba construyendo el aeropuerto más sustentable y moderno del mundo para mejorar nuestra competitividad y volver a México un centro logístico de clase mundial.

México transita a un nuevo régimen, pero desafortunadamente, uno que no reconoce los logros alcanzados como una palanca que catapulte resultados ante los retos que enfrentamos. Tras el discurso de toma de posesión, me encuentro con más de lo mismo, falta de propuestas viables que disminuyan las enormes desigualdades entre el norte y el sur, entre los que más tienen y los menos privilegiados, y entre hombres y una nueva generación de valiosas mujeres.

Finalmente, quisiera agradecer al expresidente Peña Nieto por la confianza que me depositó para alcanzar importantes objetivos en la administración de los bienes nacionales, juntos alcanzamos significativos reconocimientos internacionales en la materia para nuestro país; pero lo más importante, aprendí de él que encima de nuestros proyectos personales y políticos, siempre debe estar la nación adelante. Primero México, después México, y al final también México.

SorayaPérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.