La avalancha de malas noticias no se detiene. México sufre las consecuencias de un cúmulo de malas decisiones internas que parece no tener fin. Por si fuera poco, la amenaza de una pandemia en un país que no está preparado para una emergencia sanitaria de esta magnitud y la caída de los mercados por la abrupta baja en el precio del petróleo, no sólo hunden al peso, sino que nos ponen al borde del caos.

En medio de todo esto, México, país de grandes contrastes e infinitas posibilidades, es tierra fértil para que el bien siga germinando. Muchos hablan de la energía extraordinaria que emana de nuestra tierra bendita y de los milagros que contemplamos todos los días en medio de tantas contradicciones. ¿Por qué entonces olvidamos a esa mujer y madre que nos enseña el camino, que nos llena de esperanza y que nos pide defender la vida?

México llora, pero siempre es consolado; país especialmente bendecido por santa María de Guadalupe en el que, por más que el mal aprieta, no logra ahorcarnos. Por eso, no caigamos en la trampa de enfrentarnos mujeres y hombres cuando estos días nos han enseñado a todos lo mucho que nos necesitamos.

“Nos enterraron sin saber que éramos semillas”, decían varias pancartas durante la marcha del 8 de marzo, tal como ha sucedido en otros momentos de duelo nacional. El dolor, la injusticia e indiferencia perpetradas desde el poder y secundadas por muchos han sido semillas que germinaron y germinan para dar frutos buenos, aunque a veces no sean tan evidentes.

El país se viste de morado. La primavera y la Cuaresma llegaron juntas, tiempo en el que todo florece; días de penitencia y preparación espiritual para arrepentirnos y replantear, para enfrentar nuestra realidad con esa gracia que todo lo puede. Ante la incertidumbre creciente y la avalancha de problemas en todos los frentes, sentimos que no podemos solos, estamos abrumados; buscamos certezas, necesitamos sentir esperanza. En el plano de lo material se agotan los cálculos, las posibildades, las respuestas. Necesitamos mirar más arriba y más adentro. Es hora de renacer y de resurgir desde el espíritu.

Las jacarandas florecen y adornan el paso de miles de mujeres que han salido para hacerse ver, escuchar y sentir. En medio del caos, la primavera mexicana florece. La fuerza de ellas es más grande que todos los obstáculos que han enfrentado para recordarnos que pueden abrir esos caminos que México reclama a gritos.

Después del terremoto del 19-S en el 2017, hubo voces que aclamaron: “Los jóvenes tomaron la ciudad, no la suelten” y la soltamos. El grito se repite: “Las mujeres tomaron la ciudad (y el país), ojalá no lo suelten”. No caigamos en la trampa de soltarnos, de enfrentarnos, de anteponer nuestros egos cuando México es una causa mucho más grande y poderosa.

La primavera es resurgir, es renacer, es sinónimo de luz, calor y vida. Por eso, estar a favor de las mujeres y de un movimiento encabezado por ellas no admite contradicciones que suscriban una agenda en contra de la vida. Si darle la espalda a la vida nos ha hundido tanto, la salida está clara.

Hay primaveras que acaban pronto por falta de entusiasmo, de congruencia, de principios y de estrategia. Si vamos más a fondo, fracasan por olvidarse de su propia esencia y de su fuente inagotable: Dios. Que este momentum se mantenga y no sea un instante más de buenas intenciones. Hagamos que dure, que sea sostenible. Ellas ya empezaron, tenemos que seguirlas. Ojalá esta primavera mexicana haya llegado para quedarse.

Twitter: @armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.