Pese a los innegables avances en materia de salud en México, los mexicanos enfrentamos fuertes retos para no ahorcarnos por los gastos que se ven venir debido al envejecimiento poblacional y la transición epidemiológica, aunado a la epidemia de obesidad y sobrepeso derivada de nuestros estilos de vida poco saludables.

Ya hoy en día las enfermedades crónicas no transmisibles –características de países más ricos- como diabetes, cardiovasculares y cáncer, dominan de manera creciente el perfil de salud de México y causan más de 75% de las muertes.

El proceso de envejecimiento no es reversible y será cada vez más acelerado: los mayores de 60 años, que hoy suman 8.9 millones, para el 2050 serán 36.5 millones. La pirámide poblacional -hoy aún ancha en la franja de los jóvenes- se transformará sobre todo a partir del 2020. Es decir, el sistema de salud de México tiene una década para prepararse.

Los adultos mayores utilizan cuatro veces más los servicios de salud que el resto de la población y sus enfermedades son siete veces más costosas y de mayor duración. Europa ya lo vive en toda su magnitud, pero países como el nuestro están a tiempo de planearlo para que la carga económica sea posible de sostener.

Ante este escenario es vital invertir más en prevención y aprovechar el potencial de las nuevas tecnologías para disminuir costos. Y la industria aseguradora en México trae propuestas para participar en ese renglón. El problema es que, aunque suene incongruente, la regulación les impide a las aseguradoras promover mayores acciones de prevención y hábitos saludables entre los asegurados. El punto es que el mercado de los seguros privados -al igual que el sistema público- está orientado a atender la enfermedad, no a promover la salud. Eso es lo que hay que cambiar. Y en ese tenor está la posición de la industria aseguradora mexicana.

Seguros AXA, en su cuaderno Reflexiones, centrado en el tema de salud y bienestar, plantea cinco propuestas para evitar que convulsione el sistema de salud mexicano: 1. Impulsar la actividad física entre la población (aumentar el número de mexicanos que hace ejercicio);

2. Aumentar asesoría nutricional y ejercicio en el trabajo (mejorar la salud de trabajadores); 3. Ampliar el papel de los seguros en prevención; 4. Usar tecnologías para bajar costos e incentivar prevención (aprovechar el potencial de las nuevas tecnologías); 5. Aumentar número de enfermeras y su papel en prevención (superar el déficit de enfermeras y enfocarse en prevención).

Y hace total sentido esta posición, sobre todo a la luz de que las primas de seguros médicos se vienen estancando desde el 2007 cuando deberían estar incrementándose. El punto aquí es que haya corresponsabilidad de las personas sobre su salud y de que su seguro reconozca el esfuerzo por mantener una buena salud pagando menos por su póliza. Implica también que la aseguradora pueda incluir en el cálculo de la prima lo que invierten en acciones preventivas y que haya incentivos para promover que la gente no se enferme. Es un cambio de paradigma en el que otros países ya han incursionado. En Reino Unido, por ejemplo, la aseguradora da descuentos al cliente que demuestre hacer ejercicio regular, comer adecuadamente y cuidar su salud, y los descuentos son en función de niveles: bronce, plata, oro y platino.

Gastamos mucho en curación, pero es hora de gastar más en prevención. Está comprobado que resulta más económico y eficiente. Para los expertos de AXA, México tiene oportunidad de convertirse en un caso ejemplar en materia de prevención, pues hasta hoy ningún país podría servir como ejemplo en salud pública por la reducción de la obesidad o la diabetes. México podría serlo, si hacemos bien las cosas.

El sistema se está integrando

El rumbo y viraje que debe darse al sistema de salud mexicano también fue tema en el foro de alto nivel enfocado a Gestión de los Sistemas de Salud en México y el Mundo, que organizó el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi), que preside el embajador Enrique Berruga. Auspiciado por Sanofi, en el evento se habló, entre otras cosas, de cómo avanza en forma gradual la integración del sistema de salud mexicano; de que la evidencia es contundente: hay que avanzar de un sistema reactivo a uno preventivo, y para ello es básico desligar la atención de la salud del esquema laboral, separando funciones claras: rectoría, financiamiento y prestación de servicios.

mrcoronel@eleconomista.com.mx